ENTREVISTA A INDIO SOLARI
Cerca del mediodía, agotada una reunión de dos horas que fue mitad entrevista y mitad charla sin red, camino al portón de su casa quinta de Parque Leloir, Indio Solari ordena: “Tratame tan bien como yo te traté a vos”. La sonrisa posterior evidencia que la frase es una broma más que un imperativo casi castrense. Ya lo había dicho él mismo un rato antes: “Por más que me pinten como un ogro, tengo un gran sentido del humor”. Con o sin sentido del humor, el hombre que fue y es estampita de Patricio Rey y los Redonditos de Ricota es un artista de la palabra. La simple reproducción de sus declaraciones basta para empezar a romper la barrera entre mito y realidad de alguien tan rodeado de misterio En este caso, tratar bien a un periodista consistió en contestarle todo, convidarle un cafecito cargado con masitas, y revelar cierto grado de su universo privado . Indio Solari actuará en Jesús María el sábado 12 de abril. Presentará Porco Rex, su segundo disco al frente de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado. El dato, muy relevante para la plaza Córdoba, impone que la charla empiece por allí. ¿Por qué Jesús María? “Al ser un productor independiente, tengo que andar buscando lugares donde no me corran los pulpos. Y al ver que Jesús María tiene una estructura para recibir multitudes y atenuar los problemas que uno ‘acerca’, al ver que la ciudad garantiza viandas para todos, me decidí. Están acostumbrados por el Festival de Folklore. Además, un productor asociado trabaja allá”, dice. Indio no sabía que en Jesús María, además de folklore, hay doma. Y que su público estará dispuesto en un espacio donde los jinetes hacen de las suyas. No estaba al tanto de que allí puede animar el reverso de La gran bestia pop, el himno ricotero que condena a aquellos “caballos que se vuelven potros sin galopar”. –Vos llegás “galopado” a Jesús María. –Y sí, voy a domar a la gente; y a la cancha también, la voy a dejar planita... Suponiendo que todo resulte bien. Primera respuesta y ya está instalada la noción de peligro en relación a un show de Solari, la paranoia de que puede pasar algo. ¿Es un karma? “Hay que darse cuenta de que las producciones independientes sólo perduran si no hay violencia. Si es verdad que están vinculados a lo que uno hace, si realmente quieren que uno siga jugando a esto, les pido a todos que cooperen. Y en el caso de las producciones independientes exitosas, como en este caso, que tengan cuidado con las provocaciones. En un recital de 50 mil, con que haya 20 haciendo cagadas, se pudre todo. Y uno no tiene posibilidades de volver de eso, a esta altura. ¿Se entiende? Si tengo problemas en el show, probablemente tenga que dejar de tocar. No tengo una empresa que me salvaguarde. Ni una productora que abarque revistas y me proteja. Lo mío va a salir en Policiales”. –Si salir en “Policiales” es inevitable, supongo que tendrás aliados en las secciones de “Espectáculos”... –No tengo muchos aliados. Los periodistas que se criaron con uno, ya tienen suficiente edad para haber pedido aumento. O los trasladaron. O no tienen el poder que deberían porque son los que conocen la cultura rock. Los medios aman desde siempre aquello que crece dramáticamente y se derrumba. Para los medios, yo no puedo ir más lejos. La suerte me ha convertido en un número importante al que sólo le queda bajar. Hay una secreta esperanza de que me desmorone. No tengo aliados, a veces aceptan a regañadientes que el disco está bueno. Y como en todos los casos, hay excepciones. En tiempo presente, “el” disco es Porco Rex, una obra en la que Indio se permitió dedicarle una canción a su alma gemela (su mujer Virginia) y mirarse, como nunca antes, el ombligo. “Con el tiempo uno se va poniendo más vulnerable, delicado –observa–. Me movilizaron algunos acontecimientos en la vida y la cercanía de la muerte. De joven, uno no le da pelota a estas cosas, le parece que todo es obra del demonio. Bueno, del demonio sabemos cómo obra. El demonio es un gran optimista, cree que nos puede hacer peores. Con los años estoy tratando de que sea al revés, de combatirlo. Y así fue que me volví más comprensivo”. “A Porco Rex se lo puede leer como ‘personal’, aunque siempre lo que uno hace tiene ese alcance, porque resulta de sus puntos de vista. Pero sí, en Porco Rex la lupa se ha centrado en cosas más cotidianas y refleja relaciones cercanas. Antes, mis canciones de amor eran turbulentas ahora están más dramáticas... Por la cercanía de la muerte, insisto”. La no participación –Si vivís recluido aquí, ¿cómo se supone que interpretás lo que pasa afuera? –Me ayudan la TV, las lecturas. El tema es que, cada vez que salgo, se renueva en mí la necesidad de estar solo. Es un tiempo muy loco el que vivimos, la gente está muy desaforada, las crisis globales acentúan sus nervios... Es un mundo que no me gusta mucho, en definitiva. Lo estético y ético ha pasado a estar tamizado por el éxito o el fracaso. Cualquier persona que no tenga carácter para decidir, está perdida. Yo decido no participar, estar aquí apostado como un francotirador. Esa actitud te da una mirada muy certera. La versión que Solari hizo de El salmón, de Andrés Calamaro, para un disco financiado por el Estado fue considerado como un gesto concesivo. Sorprendió, dadas sus conocidas reclusión e independencia a ultranza. Al respecto, expresa: “El hecho de que uno no haga algo durante muchos años, no significa que esté en contra. No significa nada. Hace años ya que estoy buscando los derechos para hacer un álbum de canciones de otros. Lo que siempre pasa, en realidad, es que uno está tan enamorado de lo que compone, que termina difiriendo ese tipo de planes”, explica. “A la versión la hice porque tengo una relación muy afectuosa, de amigos, con Andrés. A pesar de que, por mis fobias, no recibo su visita permanentemente, ni yo lo visito a él. Pero tenemos intercambios de E - mails casi a diario, donde nos divertimos mucho. Más allá del talento que tiene, Andrés es agradable, honesto y sincero. Y, sobre todo, tiene un humor muy similar al mío en la intimidad. Él lo expone y yo no, esa es la diferencia. En la intimidad, por más que se me pinte con cara de pedos, vivo tratando de levantarle el ánimo a la gente”, añade. De inyecciones y culpas –Para el show de Córdoba te tuvieron que inyectar. ¿Eso sí es traumático? –Ahora estoy sin dormir desde las tres de las mañana. Es que tengo dolores óseos por algunas aventuras juveniles. Algunos exceso de héroe dejaron secuelas. Me fastidia salir tan hinchado en la foto, pero no tengo más remedio que tomar corticoides una semana antes de los shows. Con los ensayos previos, empieza a haber molestias. Las dos horas que estás en el escenario, a no ser que esté muy bravo, todo se olvida. Eso sí, cuando llegás al hotel, clamás por una ambulancia. –A la hora de pensar un show, podés tener en cuenta magnificencia de los de otros artistas. ¿Vas a ver shows internacionales de incógnito? –Aquí, no, Cuando viajaba, sí. Hace siete años, antes de las Torres Gemelas, lo hacía. Pero ahora no quiero que me jodan con los zapatitos, ni que me humillen en los aeropuertos. Viajaba por placer. Y me gustaba Nueva York porque es una ciudad donde a los grandes números podés verlos en lugares chicos. Hay diversidad, además, quizá la más grande en el planeta. –¿Tenés pasaporte comunitario? –No. Mi pasaporte es argento, vale lo que es. Y al lugar que no le guste que vaya, no iré. Viajar es irse por las ramas, como decía Harrison, quien más viaja, menos conoce. –A fin de cuentas, ¿hay correspondencia entre lo que se dice que sos y lo que sos realmente? –Se hablan tantos disparates. En estos días, están por salir unos fascículos donde, se supone, soy uno de los 30 ídolos máximos del espectáculo argentino. Mientras nadie corrobore conmigo que los datos que circulan son fiables, serán erróneos. Y se creerá que fui guardaparque, que mi padre era fotógrafo. Ya sabemos que cuando uno no cuenta su historia, siempre habrá otro que lo haga. Y tus amigos no serán, porque te tienen respeto. –¿Quién la cuenta entonces? –Aquel a quien no le caés bien. Las cosas que se han escrito me fastidian; primero, porque no son ciertas; segundo, porque no fueron hechas por gente afín. Además, siempre sos peor de lo que sos. Eso, paradójicamente, hace que el público termine queriéndote más. ¿Qué hay de cierto de lo que se dice? Casi nada. Me tendrías que preguntar es verdad esto, es verdad aquello. Pero no me sirve, de todos modos, esta carrera sobre mí mismo, ningún intentos de reconstrucción. Soy un testigo cruel de mi propia existencia. Si me das un minuto, soy enemigo bastante cruel de mis opiniones. Me duele ser consecuente con lo que dije. Me gustaría cambiar más, pero no sucede porque el mundo tampoco cambia demasiado. Las humillaciones y contradicciones siempre son las mismas, sólo cambian actores y circunstancias.
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