De
movida nomás, este álbum de Los Redondos editado en
1998 sorprende a muchos.
En primer lugar, por el diseño gráfico de primer nivel
que sitúa a la banda en un mundo virtual. Y en segundo término
porque ese concepto futurista se completa con un renovado e impensado
golpe de timón en su música. Mientras el presente del
rock local se ve liderado por bandas que parecen haber mamado de la
manera de trabajar y del rockanrol de Los Redondos; ellos, liderados
por El Indio Solari y Skay Beilinson, le dan un puntapié a
su pasado y cierran el siglo con un trabajo que, excepto en "Alien
Duce", "Pogo" y "Scaramanzia", tiene muy
poco de rock. "Ultimo bondi..." presenta a un Patricio Rey
sumamente interesado en las nuevas tecnologías, las máquinas
al servicio de canciones de muy buena factura, con melodías
"redondas" y más cercanas al pop. "Gualicho"
y "La pequeña novia del carioca" son claros ejemplos
del rumbo adoptado por la banda, una agrupación con deseos
de evolucionar y de transitar nuevos caminos musicale. Samplers, vientos
y un coqueteo con el funk auguran mayores sorpresas para el nuevo
milenio.