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Año 1969, La Plata. Eduardo Beilinson era un adolescente "popular":
había vuelto de un iniciático a viaje por Europa. Allá,
había coqueteado con la vanguardia político-musical de
la época (entre el Mayo Francés y Jimi Hendrix). Carmen
Castro era una chica "popular": actriz, coqueteaba en los
alrededores de La Cofradía de la Flor Solar con su amigo Ricardo
"Mono" Cohen. Por esos días se conocieron: una noche
(5 de noviembre de 1969) donde Eduardo tocaba junto a su banda en un
teatro platense. A él todavía nadie le decía Skay:
lo bautizaría poco después, cuenta la leyenda, Marta Minujín
en el Instituto Di Tella. Ella no era "La Negra Poli". Y la
banda de él (compartida con su hermano mayor, Guillermo) se llamaba
Diplodocum Red & Brown, un dinosaurio enorme, pesado, un mastodonte.
Año 2002, Palermo Soho. La Negra ya terminó
de levantar los platos (preparó una tarta de zapallitos; ella
es vegetariana, naturista) y Skay está cambiando el disco. Recien
terminamos de escuchar un simple de principios de 1970: una grabación
de los Diplodocum Red & Brown que sonaba a rock pesado (cerca de
Manal) y que es el único antecendente sonoro de Skay como cantante.
Relajado (va por su tercer Fernet con soda) dice: "Los Redondos
se habían convertido en un mastodonte, cada paso costaba mucha
energía...La situación del país era tan difícil
que teníamos que estar muy unidos para seguir igual. Se había
tornado algo demasiado previsible...
La historia de estas dos personas y el intervalo de
treinta y pico de años es una fascinante leyenda oral: atraviesa
toda la historia de los Redonditos de Ricota, la banda musical más
popular de nuestro rock y espectáculo record del show business
nacional (nadie llenó dos River ni vendió 160.000 tickets).
Y amontona anécdotas de la historia cultural del país
de las últimas cuatro décadas: la vida en comunidad, la
llegada del rock, la persecución política, la militancia
independiente, la psicodelia, el amor, la ruptura con la familia...
Skay: -A los pocos meses de conocernos nos fuimos
a vivir a un baldío. Ahí se formó una comunidad
de unos 30 tipos que fue decantando. Quedamos siete y nos fuimos al
desiero, a Pigüé: ahí vivimos tres años, en
un ranchito. Salíamos a cazar con arco y flecha. Bah, tratábamos:
nunca conseguimos nada.
Poli: -Era otra idea de la vida. Estabas obligado
a organizarte: horarios para comer, a la tarde tocar, a la nochecita
lectura... Nada de alcohol ni drogas, por ejemplo.
Skay:- Pero cuando lo hacíamos eran como ceremonias.
-¿Hasta cuánto los cambió ese
tipo de vida, aislados del mundo? Tres años es mucho...
Skay: -Es un grado de aprendizaje muy grande. Las
decisiones de grupo deben estar basadas en la confianza y llegás
a un grado muy alto de conociemiento del otro.
Poli: -Con el Indio pasa algo parecido. Tenemos una
distancia que nos hace tener esa clase de amistad que no es de cliché.
Skay: -Con los Redondos hubo una gran confusión.
Cuando se contaba la historia parecía que era el Indio el que
participó de las experiencias comunitarias. Pero éramos
nosotros. Toda esa autogestión venía de antes. Poli fue
la que un día dijo: "Vamos a hacerlo nosotros". O ni
lo dijo: fue y lo hizo. Ella tiene una capacidad de organización,
enorme, admirable.
Es un punto clave. En el ejericio de memoria la charla
se fija en la prehistoria (¡otra vez los dinosaurios!) ricotera:
Skay: -Hay algo importante. Con Los Redondos vivimos
etapas muy distintas. Hay que entender que la banda se bautizó
casi por obligación para un show clandestino en Salta en el 78.
Poli: -Tocamos en el Lozano y teníamos un micro
alquilado para irnos para alla. ¡El viaje fue una experiencia
alucinante! Nos fuimos al campo de un amigo porque en La Plata estaba
muy pesado: nos estaban buscando, al Indio también, a Rocambole
ya lo habían detenido...
Skay: Era una banda sin forma, llegó a haber
tres cantantes, cinco guitarristas. El otro día conté
la lista de gente que participó en el escenario y son más
de cien.
-Vos fuiste el único que estuvo siempre, ¿no?
Porque el Indio faltó un par de veces...
Skay: -Sí. Es que hubo una época en
que la banda se juntaba cuando yo empezaba a llamar músicos.
En el 82, hubo un festival en el que el Indio no quería tocar
y cantaron Luca y Fontova. La banda tuvo muchas etapas. Después
de que salió Oktubre, por ejemplo, estuvimos ocho meses separados.
Habíamos vendido unos 6 mil discos y ninguno vivía de
la música. Nosotros nos fuimos a vivir a España unos meses
y el Indio seguía trabajando en el Hogar de Niños, una
tarea que hacía con mucha responsabilidad.
-¿Y cuando se establecen como grupo?
Skay: -En el 87. Recién ahí nos juntamos
los tres a darle otra forma a la cosa y el Indio se vino a Buenos Aires.
Recién ahí tomó un protagonismo que tiene que ver
con nuestra relación con los medios. Su discurso es muy convincente,
además de su talento como letrista y cantante.
Poli: -Entonces el Indio empieza a tener una dimensión
distinta, como de líder.
Skay: -Si hay un líder, es Patricio Rey. El
Indio trató de explicarlo muchas veces. Pero, más allá
de que es un tipo muy casero su vida se empezó a limitar: no
podía salir a la calle. Cada uno es líder en lo suyo:
Poli, organizando; el Indio como portavoz y yo en la dirección
musical.
-A ustedes la gente los ve en los bares, en recitales.
Ahora, con estas apariciones y este disco solista, todo el misterio
vuelve a caer en el Indio...
Skay: -Eso, en buena medida, es producto de los medios.
Además, nosotros nos sentimos muy bien representados por lo que
el Indio decía...
El viaje se interrumpe. En noviembre de 2001, El Indio,
Skay y Poli deciden entrar en un "impasse": cancelan un show
en Santa Fe y en enero levantan la sala de Almagro donde ensayaba la
banda (Semilla Bucciarelli, Walter Sidotti y Sergio Dawi).
-¿Qué fue lo que se perdió?
Skay: -Básicamente, la sorpresa. Los Redondos
son una carga muy pesada.
-¿En algún momento de este proceso,
pensaste en llamarlo al Indio para mostrarle el material?
Skay: -No. Se lo voy a hacer llegar. Tomamos una decisión,
el famoso año sabático, y somos muy respetuosos de esos
tiempos. El Indio, por su paternidad, hace mucho venía dicendo:
"Paremos por un tiempo". La mejor manera de reencontrarnos
es enriquecer nuestras vidas. Ya lo va escuchar y, seguro, le va a gustar.
Hay universos musicales afines.
¿Será en noviembre, en medio de una
reunión ya concertada, que el Indio pueda escuchar el disco de
su socio? "¿Se entendió que no es una separación
definitiva?" es lo último que dice Skay antes de que el
dedo se apoye en el "stop" del grabador. Como sea, esta historia
continuará...
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