Ricardo Cohen (Rocambole) nace en Bs.As. pero reside en La Plata desde
hace muchos años.
Entre 1961 y 1963 estudia serigrafía, la aplica a la pintura de
carteles y experimenta con la aerografía en macroilustraciones
para cartelones de ruta. En 1964 ingresa a la Escuela Superior de Bellas
Artes de la Universidad de La Plata.
En 1967 expone por primera vez en Buenos Aires, en la galería Van
Riel y, este es también el a año en que, presionado por
la intervención puesta en Bellas Artes por la dictadura de entonces
organiza una deserción en masa y, con otros estudiantes abandona
la escuela para formar una institución paralela. Esto hace lugar
a la creación de La Comunidad Autónoma de La Cofradía
de La Flor Solar. Diseña la identidad visual y la portada del LP
de la Cofradía.
En 1973 regresa a la ya "Facultad" de Bellas Artes y egresa
en 1975. Al año siguiente viaja a Brasil donde logra publicar ilustraciones
e historietas en algunos medios gráficos.
En 1978 realiza las primeras ilustraciones y ambientaciones para promover
las presentaciones de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, a partir
de ese momento diseña todas las portadas de sus discos, afiches,
escenografías, videos y todo lo que atañe a su identidad
visual.
En 1980/83 publica ilustraciones e historietas en medio de Bs.As. y en
1984 entra en la facultad de Bellas Artes como docente en la enseñanza
de Dibujo en las áreas de Diseño, plástica y cine
de animación.
En 1996 junto a diseñadores egresados de la Facultad de BA de La
Plata: Juán Manuel Moreno y Silvio Reyes funda el Estudio Cybergraph
DCA aplicándose al arte digital y al diseño animado, el
grupo recibe el premio ACE al "Mejor diseño de portada para
disco", en 1997, por "Luzbelito". Realizan además
los diseños de portada para Frank Zappa, Miguel Cantilo, "Estelares",
"Claudio Gabis", etc.
Ha dictado cursos de ilustración en diversas instituciones oficiales
y privadas. También a participado en muestras colectivas y ha recorrido
el interior del país con numerosas muestras individuales . |
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Ocurre a menudo que entre el mundo de la idea y el de la forma existe
un abismo. Pero me ha costado separar las cosas que suceden de las que
sueño. Esa característica embarazosa me da una cierta inseguridad
cuando trato de ocuparme del mundo que me rodea, sobre todo porque mi
cerebro es incapaz de contener y abarcar tantos absurdos.
Además creo que todos somos traicionados por
aquellos ojos con los que miramos el mundo material y somos así
penosamente confundidos. Prefiero entonces ocuparme de esos frutos inmaduros
que proliferan en el viejo marasmo que es mí cabeza donde no
cesa ese viento de hojas amarillas que levantan un torbellino de gérmenes
deformes en eterna incubación. A veces algunos se sublevan y
bullen en silencioso tumulto, buscando en tropel por donde salir de
la región penumbrosa a donde los he confinado.
Estas sediciones engendran peste y son la causa de mis frecuentes jaquecas.
Mis agitadas reflexiones me hacen acordar paisajes extraños,
de un pasado inexistente donde recorro las calles de una ciudad geométrico
con hambre de fé y quizás también con miedo. Una
ciudad fatal que aparece en virtud de mi desasosiego y de mi deseo.
Esa misma ciudad cuya llave poseemos unos pocos, los que sabemos que
se puede vivir sin amor o incluso sin justicia, pero no sin el arte.
Rocambole
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