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SKAY Y LOS REDONDOS
"LA MAGIA SE ACABO"
"Pueden ser dos años, tres... Quién sabe"


Suplemento Espectáculos Diario Clarín
Domingo 6 de octubre de 2002

SKAY Y POLI HABLAN DEL PARATE DE
LOS REDONDITOS

El guitarrista y "la ingeniera psíquica" de la banda hablan de un impasse. Y cuentan cómo se desgastó la relación con el Indio Solari. Además, en exclusiva, A través del Mar de los Sargazos, el flamante disco solista de Skay.


Skay, ¿te agarraste a piñas con el Indio Solari?
En la casa de Palermo Viejo de Skay y su mujer, Poli, hay una paz encantadora. Afuera, desde el parque inhóspito donde sigue creciendo un ficus gigante se oye el silbido del viento. Como siempre, Poli es amable, toma fernet e invita empanadas. A su lado Skay fuma rubios, toma cerveza y ahora ríe:
Skay: Se dijeron tantas cosas. Que habíamos comprado un teatro, que el Indio tenía sida, que nos íbamos a vivir a España. Barbaridades. ¿Cómo nos vamos a agarrar a piñas con el Indio?
Lo de la pelea Skay-Solari fue el detalle extremo de una serie de rumores que se deslizaron vertiginosamente en internet y como secreto a voces en el ambiente del rock. Los rumores siempre se detenían en el mismo punto: la separación de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota después de 10 discos y 26 años de leyenda.
"Los Redondos somos tres: la Negra Poli, Skay y yo", dijo el Indio a Clarín hace dos años. Hoy, si bien Skay y Poli no quieren utilizar la palabra separación, Los Redonditos no existen más. Skay está abocado a la edición de A través del mar de los Sargazos, su disco solista debut que sale en 10 días y que Clarín escuchó en exclusiva. El Indio Solari está criando a su hijo Bruno en su casa de Parque Leloir, haciendo su música y maquetando lo que será su propio disco. Hace 10 meses que Skay y Poli no ven al Indio. Hace 10 meses que ni siquiera se hablan por teléfono.
¿Qué pasó?
Skay:
Sencillamente se había vuelto todo muy previsible. Se acabó la magia, el misterio. El Indio también hacía tiempo que quería parar y el nacimiento de su hijo habrá influido. La verdad es que todos necesitábamos un cambio. Entonces decidimos tomarnos un año sabático.
¿A partir de cuándo?
Poli:
El 2 de noviembre de 2001. Coincidió con la programación del recital de Santa Fe. Veníamos de tocar en Uruguay y Córdoba.
Skay: Dos conciertos muy lindos, cero quilombo.
Es decir que el año sabático termina ahora, en un mes
Poli:
Bueno, un año sabático no tiene que durar exactamente un año. Pueden ser dos, tres años. Quién sabe.
Skay, cuando decís que se había vuelto todo previsible... ¿A qué te referís?
Llega un momento en que uno no se sorprende con las ideas del otro. Y eso afecta a la química de una banda de rock. Hay una consecuencia positiva y es que la banda suena afiatada, madura. Pero falta sorpresa. Por eso para mi disco decidí arrancar de cero y no llamar a ningún músico ni técnico ni asistente de los Redondos. Solo le pedí el arte de tapa a Rocambole, que es como mi hermano y que nos conocemos desde antes que existieran los Redondos.
¿Cómo te sentís solo?
Estupendo. Recién ahora me doy cuenta, con esta producción casi intimista, cuánto me pesaba aquella estructura. Recuperé un entusiasmo que había perdido. Estoy tocando con Daniel Colombres en batería y Claudio Cuartero en bajo, ensayando todos los días. Recuperé el placer.
¿Es posible pensar a los Redondos aplicando la fórmula Rolling Stone: que se junten cada tanto sólo para grabar un disco o tocar en vivo?
Skay:
No lo hemos pensado. Ya veremos.
Poli: Esta situación es nueva. En un futuro nos sentaremos a firmar otro contrato, donde se revean todos los valores y podamos recuperar la confianza. Los Redondos se habían convertido en algo muy grande. Había demasiada presión.
¿En qué lo notaban?
Poli:
Mirá: podríamos haber seguido con este -entre comillas- éxito. Pero nos sentíamos asfixiados. Esos conciertos enormes que hacíamos nos quitaban la cosa emocional, la intimidad.
Skay: Por eso volvimos al llano.
Skay Beilinson se cruzó con Carmen Poli Castro en 1969 luego de un concierto conjunto que dieron Diplodocum (la banda de Skay) y La Cofradía de la Flor Solar en el Opera de La Plata. Integraban la poderosa vanguardia hippie platense. Skay ya tenía cierta experiencia política-lisérgica: con su hermano Guillermo había estado en el Mayo Francés y vivido un tiempo en Londres, donde vio conciertos de Jimi Hendrix y Pink Floyd, entre otros. "En realidad, de Francia nos deportaron. En una revuelta la policía me metió un palazo en la cabeza. Estuve en cana y después nos echaron. Y bueno, fuimos a Londres". Poli era estudiante de teatro y aquel día del 69 estaba haciendo la obra 300 millones, de Roberto Arlt.
"Yo tenía la cabeza en llamas -dice Skay-. Volví de Europa con un amplificador Marshall, un pedal de distorsión y uno de wah-wah. Después de Diplodocum me acerqué a La Cofradía, donde llegué a grabar. También formé un trío acústico con Morci Requena y Kubero Díaz. Eramos hippies, vivíamos en comunidad, creíamos en una nueva vida y en un nuevo hombre. Cuando conocí a Poli todo me cerró aún más." Agrega Poli: "Nos fuimos a vivir en comunidad a la Isla Paulina, cerca de Berisso. También estuvimos en Sierra de la Ventana, en Tolosa... Por 1974, 1975 aparece el Indio con Guillermo, el hermano de Skay."
Fue el germen de los Redonditos. Skay y el Indio empezaron a componer canciones como Mariposa Pontiac y Un tal Brigitte Bardot. Políticamente la Argentina se estaba oscureciendo: algunos integrantes de las diferentes comunidades hippies o de círculos intelectuales empiezan a ser perseguidos. En 1976 hay allanamientos y desaparecidos. Hay una diáspora y un concierto mítico en la ciudad de Salta. Nacen los Redonditos con un aura misteriosa. Mucho antes de convertirse en la banda de rock más grande de la Argentina, el grupo buscó exorcizar los dolores de la dictadura con performances subterráneas donde se mezclaban estéticas de cabaret, vodevil, rock, teatro y plástica.
Poli: Después, con la masividad, fue imposible mantener esos rituales. Pasa algo muy interesante: los Redonditos empezaron en plena dictadura. Lo que hicimos entonces, en lugar de replegarnos, fue reunir gente, expandirnos, manifestarnos artísticamente. Ahora, que la crisis es tremenda, también queremos ir por ese lado. Comenzamos con este disco.
A través del Mar de los Sargazos es la actual obsesión de Skay. Dice que muchas músicas tienen sus años, que fueron quedando afuera de los discos de los Redonditos.
¿Por qué quedaron afuera?
Porque tanto el Indio como yo componemos mucho y no podés hacer discos larguísimos. Más de 12 o 13 temas ya se vuelve tedioso. Además, el concepto es que cada disco tenga un equilibrio en cuanto a estilos de canciones. Así fueron quedando en el camino ideas muy ricas que, cuando las escuché ahora, me seguían estimulando.
¿Cómo hiciste con las letras y la voz, los roles históricos del Indio?
Siempre canté. En Diplodocum cantaba yo. Pero cuando nació Patricio Rey tuve que dejar que cantara el Indio que, a su vez, tuvo que dejar de tocar la guitarra. Con las letras fue diferente. El Indio escribe muy bien y, además, se refirió prácticamente a todo. Elegí un método similar al que utilizo con la música: escribía algo y al día siguiente lo corregía, tachaba, agregaba cosas, las dejaba descansar, en una semana las retomaba.... No fui ansioso. Por otra parte, volví a leer a poetas que me gustan, como Jacques Prevert, Henri Michaux, Omar Kayan.
Poli: El Indio es muy bueno. Pero hay tantos poetas...
¿Qué cosas querías hacer con los Redonditos y no pudiste?
Muchas. Muchísimas. Pero siempre llegábamos a un acuerdo.
Poli: Skay se conecta con el Indio desde un lado más musical. La que más discutía con él era yo. Por una tapa, una escenografía, unas luces... Eran discusiones fuertes: un Tano y una Gallega... Te imaginás...
Skay: Recuerdo que en la época de Luzbelito yo quería grabar un disco con viejos temas inéditos. Fuimos a Brasil y arrancamos. Pero al final el Indio quiso hacer un repertorio nuevo. Bueno, yo me copé, nos apasionamos con las máquinas, y el proyecto quedó trunco. Siempre hubo más pulsión por lo que hacíamos que por lo que descartábamos.
Se lo ve contento a Skay. Yendo del living a la heladera, su vaso de cerveza está siempre lleno y frío. "¿Vamos a escuchar el disco?", propone. Poli se perdió por las escaleras, rumbo a la planta alta. Suena el primer tema. Skay mueve sus hombros como cuando toca en vivo. Parece un hombre feliz.


Stand by

Cada cual atiende su juego. El Indio Solari está en su casa de Parque Leloir. Mientras ve crecer a su hijo Bruno, ya tiene las maquetas de lo que será su disco solista. En tanto, acaba de salir un álbum de La Favorita, el grupo del baterista de los Redonditos Walter Sidotti con arte de tapa de Semilla Bucciarelli, el bajista ricotero.

Próximamente

A través del Mar de los Sargazos sale (obviamente con sello independiente) en 10 días. Skay quiere presentarlo en Buenos Aires antes de fin de año. Pero no sabe dónde porque, básicamente, ni él ni Poli intuyen qué repercusión puede llegar a tener. Es muy posible que primero se presente en el interior. Santa Fe es una de las plazas preferidas de la Negra Poli.


Un disco con alma ricotera

"¿Conocés la leyenda del Mar de los Sargazos? Es un mar que queda a la altura de las Islas Bermudas que, en un momento del año, se cubre de algas. Hay que saber navegar para no quedar varado". El título del disco resulta por demás elocuente: Skay no esquivó la alegoría para definir su presente personal y artístico. Por eso subraya: "Este disco es exactamente lo que soy yo ahora".

Lo primero que surge de A través del Mar de los Sargazos es que se trata de un disco ciento por ciento ricotero. La limpieza de algunos riffs, la luminosidad de los estribillos y un clima ciertamente festivo retrotraen a Oktubre. Skay siempre ha sido el sostén musical de Patricio Rey: claramente A través... no pretende ocultarlo.

Lo segundo: el estilo interpretativo de la voz de Skay está emparentado al del Indio. Una garganta gastada, rockera, de dientes apretados. Las letras, en tanto, no tienen el oscuro misterio que solían tener algunas de las mejores canciones de los Redondos, pero se las arreglan para contar buenas historias, sencillas y sin pretensiones.

El disco tiene mucho rocanrol, un reggae (Con los ojos cerrados), un tema instrumental en el que Skay se luce con un kazoo y dos canciones alla Tom Waits: Alcolito y Lágrimas y cenizas. Hay un posible hit, de esos que incitan al pogo desaforado, con una letra dedicada a la muerte, titulada Oda a la sin nombre ("... pasé la frontera con los ojos cerrados / vi fuegos helados arder / y como una sombra que viaja conmigo / La parca siempre viene detrás"). Otro tema irresistible es Síndrome del trapecista: es maravilloso cómo Skay sabe construir adherentes líneas de guitarra al estilo Ji ji ji o Ya nadie va a escuchar tu remera. Hay una letra que parece aludir al presente de los Redonditos. Se llama Astrolabio: "Las olas del destino / a esta playa te trajeron / la madera está partida / ahora es tiempo de tallar / navegante, tu canoa". Otros temas son el hawaiano Entre el cielo y la tierra, el superricotero La grieta, Memorias de un perro mutante, El pozo de la serpiente.

Con un formato de trío básico (Daniel Colombres en batería y Dani Castro en bajo), guitarras sobregrabadas, el acordeón ocasional de Sebastián Schachtel y los teclados de Patán Vidal, Skay eligió cierto clasicismo como concepto musical.

Poli y Skay están tratando de definir cómo y dónde van a presentar el álbum. "Una posiblidad es arrancar por el interior. Tal vez en Gobernador Gálvez, en Santa Fe", dice Poli. El repertorio en vivo, dice Skay, va a incluir temas de los Redondos. "Les tengo que transportar las tonalidades porque mi voz no llega adonde llega la del Indio". ¿Cuáles son los temas? "Ese sí es un secreto".