Palermo, sector "sensible", a la misma hora y a veinte cuadras
de la cancha de Atlanta donde La Renga ratifica su ortodoxia y su convocatoria.
Es el hogar de la pareja Castro (Carmen, alias Negra Poli, la manager)
& Beilinson (Skay, bah, el de las guitarras). Aquí, Carlos
Solari (bueno, El Indio, el que canta) está sentado solo en un
living generoso, expulsa humo de rubio importado y sólo se quitara
sus gafas negras una vez que las palabras echen a rodar como una bola
de nieve. Empezará con una pregunta "¿Escucharon el
disco?" y cinco (¡si, cinco!) horas después esbozará
una solicitud: "No quisiera quedar como un square" (cuadrado,
según la terminología de los escritos beatnik). La charla-ritual
cuenta con dos combustibles básicos: whisky y empanadas. De repuesto,
Fernet y/o Coca. La excusa para que este cantante-poeta de contorno casi
budista rapee ante el Sí es, justamente, poco ortodoxa.
Ultimo
Bondi a Finisterre, el disco número 10 de los Redondos viene
a cerrar el año como el registro más sorprendente y menos
previsible en años, tal vez desde el elegante Oktubre (1986).
Hablamos de una banda con veinte años de carrera en Buenos Aires
e integrantes pisando los cincuenta a la que se venera como bastión
del rocanrol y que se ha despachado con un disco biónico, casi
techno cuyo packaging simula un cd-rom. Récord de ventas en su
primera semana, Finisterre provocó estas reacciones en el Sí:
Gustavo Cerati no tuvo empacho en opinar sobre el disco de su supuesto
polo opuesto y una voz del rock alternativo como Rosario Bléfari
de Suarez los eligió "grupo del año" en la encuesta.
En tanto, Andrés Ciro de Los Piojos ante la misma posibilidad
del ex-Soda optó por "no opinar". Beatniks en los 60,
poco después militantes psicodélicos y artistas clandestinos
en los 70, "unders" diez años después y últimamente
los rockeros independientes más famosos y convocantes del país,
¿van a cerrar el siglo vestidos de cyberpunks?¿Cómo
van a reaccionar los fans? ¿Se puede saber, Indio?
En
Marcha
"Entre los fans hay algunos que están muy dispuestos
a escuchar esto y otros que preferirían que uno siguiera haciendo
algún tipo de rock and roll más ortodoxo. Esos son los
que menos me gustan porque a mí no me gusta mucho un joven teniendo
gestos conservadores. Creo que, a veces, los chicos, un poco por rebeldía,
prefieren quedarse escuchando esa pseudo pureza porque en los medios
se confunde mucho la vanguardia con la usina de la moda. Y no me parece
una buena decisión. No creo que una cultura que tenga ambiciones
de proseguir en vigencia tenga que tener, como en este momento, más
cultores que innovadores".
-
¿Finisterre surgió a partir de esta necesidad?
- Pertenecemos a la cultura rock, que es una cultura caníbal
que ha incorporado, a través de su historia, desde músicas
étnicas hasta la última tecnología. Este trabajo
del sonido, que parece una novedad, en nuestras demos está desde
hace mucho. Yo ya componía a partir de la computadora y el sampler
y después reemplazaba la programación por la banda, pero
quedaban muchas texturas por el camino. Ahora decidimos dejar las cosas
sin que el pulso rockero de los Redondos se apoderara tanto del asunto.
Y, en realidad, el acto fundacional tiene que ver con Luzbola, que es
nuestro estudio propio. La tecnología te permite plagiar, secuestrar
sonidos y eso es rico porque eso amplía el campo posible de la
música. Para nosotros, a esta edad, sería un castigo tener
que estar todos los sábados chan, cha-chan (marca un comás
de blue y tararea su legendaria "Mariposa pontiac"). Eso ya
es trabajar de uno mismo, hacer de clásico. A mí siempre
me interesaron más los David Bowie que los Eric Clapton de esta
vida.
-
¿En que basás ese apunte de una juventud conservadora
que marcaste antes?
- Yo creo que hay muchos fundamentalismos, en esta época,
de todo tipo. Yo escucho lo que opinan los chicos sobre homosexuales
y me asusta. Nunca me pareció que el pasado fuera mejor. Y mirá
que quizás uno podría tener derecho, porque esta cultura
fue muy rica en sus comienzos, ¿no? Mi vida, el cariño
que yo le tengo a él (Skay) y el respeto que le tengo a ella
(Poli), están antes que cualquier fundamentalismo. Me importa
un pito el rock and roll, así de simple, si es algo que me va
a poner una circunstancia square. Mi negocio es la vitalidad.
-
¿Esos jóvenes conservadores representan el fracaso de
la cultura rock?
- No...creo que todo ha mejorado mucho. Por ejemplo, hoy se hace
más difícil que ciertos personajes estén libres
por la vida. La psicodelia, ese lugar tan extremo, ha hecho de uno un
tipo lejano de la confrontación ideológica vigente. Pero
aun así, esta pequeña aventura de Pinochet en Inglaterra
me sacó una lagrimita de un ojo. Me fue imposible sustraerme.
-
¿Cómo te cayó la opinión de Cerati sobre
Finisterre?
- En ningún momento supe si era una crítica medianamente
elogiosa o no. A él le interesó el disco porque, supuestamente,
es un camino trillado medio por ellos, por U2. Sinceramente no encuentro
mucho nexo en esas cosas, porque sino el primero que se compra una máquina,
es el que tiene la patente de lo que se puede hacer. Con respecto a
la lírica, yo no tuve en ningún momento una pretensión
como dice él de hacer futurología.
-
El dice que ahora están más cerca de lo que Soda sería
hoy que de Los Piojos y La Renga...
- Me interesa lo que hacen Los Piojos con toda esa mano del candombe.
Y no conozco la intimidad de La Renga, para pensar a priori que copian
el plan de los Redondos, aunque tampoco niego que sea así. Pero
realmente no me parece que musicalmente se parezcan en nada a nosotros.
Además, de movida, los Redondos no se parecen a los Redondos.
-
¿Y cuáles son los Redondos de hoy?
- Desgraciadamente parece que hemos cometido un atrevimiento. Y
a mí lo que me gustaría es que se atrevieran todos los
demás. Cuando eso suceda, dejaré de escuchar mi colección
de 1700 cedés y estaré viendo a quien salta por encima
de los decorados del rock and roll.
-
Vos decís que no hay futurología pero prima la idea de
un universo virtual y hasta cantás sobre un Dios digital...
- Son audiogames, son unos juegos, dramas musicales. Y lo hicimos
en la forma de un compact porque generalmente los chicos nuestros, la
mayoría, no tienen mucha parafernalia de CD-Roms. Está
focalizado en esa especie de frontera, que podría ser una Ciudad
del Este (frontera Iguazú-Paraguay) del futuro.
-
¿Estuviste ahí alguna vez?
- Sí, estuve más de una vez. La Blade Runner del subdesarrollo
tendría que pasar ahí.
-
¿Y ustedes, de qué lado de la frontera están?
- Somos unos tipos que pasan en un bondi mirando a los personajes
del gueto del futuro, no a los de la parte áurea, top. Estamos
hablando de los que están marginados. Por un lado los destellos
de Cyberbabel, y por otro, el castigo de Cybersiberia. Yo prefiero,
a disgusto de mucha gente, una situación medio distante de las
cosas para verlas. No creo que tenga que estar en una barricada para
decir lo que tengo que decir estéticamente.
¿Dónde
está el piloto?
Se sabe: Solari detesta explicar letras. Pero la referencia a un
tal "Walter" en la canción que abre el album ("Walter
invade la tierra", canta) , lo compromete esta vez a aclarar que
no se trata de Bulacio, aquel fan asesinado por la policía hace
7 años, sino de su baterista, Walter Sidotti (¡qué
autorreferenciales!). Para más, el disco cierra piropeando a
una "Sole", que -a aclarar de nuevo- no es la de Arequito
ni la de Catamarca, sino su admirada Soledad Rosa, la anarquista argentina
que se suicidó en Italia. Tampoco es fácil, lograr que
don Solari hable de sí mismo. Pero hagamos la prueba tras un
paréntesis en donde el cantante compara a su banda con Boca ("Hace
una campaña con la delantera más goleadora, la defensa
menos vencida, el goleador del campeonato, todos los equipos quedaron
allá lejos y parece ser que no está bien, que no es un
equipo bueno y le adjudican culpas a los demás", ¿qué
tal?).
-¿Qué
diferencias hay entre Carlos Solari y El Indio?
- Muchas veces la imagen pública mejora tu intimidad. Este
tanito (se señala) no es El Indio al que, por suerte, se le exige
que sea más honesto y no que demuela hoteles o se fume el cigarro
más grande. Cómo no vas a ser un poco más elegante
que los demás, que están sujetos al hecho de andar mendigando
que te salga una nota en tal lado. Yo prefiero no tener una vida de
exteriorización. No me gusta hacerme cargo de la franela pública
de miles de personas: no podés ir al cine, no podés ir
al restorán. A mí realmente me sofoca. ¡Y encima
la pelada se ve de lejos!
-
¿Y que hacés?
- Generalmente, para poder tener un poco de ojo de libertad me tengo
que ir a otro lado. No podés ni ir a ver a los amigos que tocan
en un pub porque en tu mesa hay más quilombo que mirando el escenario
y le terminás cagando la noche. No me llevo nada bien con el
asunto de la popularidad. Está claro.
-
¿Y cuál es el límite de las salidas? ¿Vas
al supermercado?
- No, no, no. Yo tengo...(duda) hay un montón de gente...
Pero eso desde toda la vida, digo. (N de R: Poly interviene para explicar
que El Indio nunca fue muy salidor). Es decir, el que trabaja en lo
que le gusta, trabaja full-time, no marca tarjeta. Estás tomando
sol, en la pileta, y se te ocurre algo y te vas hasta la casa, agarrás
el papelito y escribís. Gracias a Dios, es una esclavitud perversa
que me gusta.
-
En otras épocas, la noche alimentaba tu escritura. ¿Qué
paso con eso?
- A mí me gustaba la noche cuando había una bohemia
totalmente diferente. El mono y la resaca valen la pena si tuviste una
noche enamorada de la vida. Cuando simplemente fue un gasto para estar
en el candelero, me hace daño. Hoy prefiero levantarme a las
6 de la mañana, ver los pájaros y meterme a componer.
-
¿Esa exposición que empuja al encierro es un precio que
hubo que pagar?
- No, no...(duda, le cuesta arrancar por primera vez en la entrevista)
es la cosa más grata que a mí me pasa. Acordate que uno
se ha forjado en una cultura que, por un montón de vicios y de
actitudes de vida, el anonimato y la clandestinidad eran siempre lo
mejor. Entonces, que de pronto, estés donde estés, siempre
hay alguien mirándote, o chiquitas que podrían ser tus
hijas te dejan besitos, no es una cosa cómoda.
-
¿Estás condenado a la soledad entonces?
- No, yo disfruto de mi soledad. Yo soy un tipo bastante lector,
estoy suscripto a más de un diario, más de una revista
y un montón de cosas, y veo que nos utilizan desde como epígrafes,
para abajo de la foto, para titular, todo el tiempo. O sea, los Redondos
no funcionamos en una especie de Tupperware del purgatorio. Eso es lo
que nos diferencia de La Cofradía de la Flor Solar (el grupo
de rock-comunidad alternativa que alumbró La Plata hacia 1968).
Casualmente estos tres que ves acá (Skay, Poli y él, claro)
son aquellos que se hicieron cargo de la realidad, donde el viaje de
las experiencias no ordinarias podían tener cabida en el exterior
y funcionar. Así que yo le debo tanto a La Cofradía como
a la biblioteca de mi tía Irma o a mi profesor de judo de los
12 años. Bueno, igual, éste es el último año
de los Redondos.
-¿Cóoomo?
- No, era una jodita para Patricio Rey. (Risas a granel)

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