|
Rocambole se tuvo que hacer aliado de un teléfono celular. El
pronóstico del tiempo no lo dice pero el huracán Patricio
está al caer. Entonces, el hombre que le pintó la cara
a los discos de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota y que vistió
sin quererlo a generaciones ricoteras, tiene que poner manos y cerebro
a la obra. No está escrito, pero los shows en River Plate requieren
cierto marco, más allá de los estandartes que puedan aportar
las bandas. Así que: ¿Hay algo planeado, Rocambole? "No,
no. El asunto de Los Redondos lo hablan ellos. Lo que te puedo decir
es que va a haber algunas sorpresas", promete como si lo hubiese
leído en algún lado. De todos modos, un amigo en común
anticipa que el señor Ricardo Cohen -alterego del ilustrador
/ videasta / diseñador / docente / artista plástico /
compositor-, continuará con las proyecciones fílmicas
sobre el escenario detrás de la banda, como durante el estacionamiento
del Ultimo Bondi en Racing.
Estéril seria insistir. El Mono Cohen hizo un tajo en su agenda
y busca una silla para estar cómodo. Es difícil imaginar
dónde está, porque borra todos los rastros: "Tengo
varios refugios en el centro de La Plata, y por los alrededores. Ahora
estoy en City Bell", desliza. Hombre de la logia del perfil bajo
desde La Cofradía de la Flor Solar, aquella unión de preceptos
hippies que chocó con la fuerza de los hermanos Beilinson, Carlos
Solari y el germen de Los Redondos. De ahí le viene el nombre
de Rocambole: "Era la marca de unas remeras que hacia. Aerografías,
estampados. Paisajes y estrellas". Desde los '70, ha sido el biógrafo
visual de La Banda de bandas.
-¿Qué
implica tanto tiempo juntos, libertad total o más interdependencia?
-Bueno, con Los Redondos nos conocemos desde hace mucho. No necesitamos
explicarnos nada. Me entero de qué es lo que están haciendo
ellos y empiezo a laburar. Después tenemos una reunión
donde todos tiran ideas. Y en los últimos momentos, me mando
solo. Sus canciones son muy evocadoras y la poesía suscita muchas
imágenes". Para el último bondi, en el que los Redondos
se fueron poniendo tecnos, el ilustrador no perdió el rumbo "La
tapa puede ser algo de como Submarino Amarillo de Los Beatles... No
sé, también hay mucho de Veinte mil leguas de Viaje Submarino".
-¿Cómo
te llevás, desde tu actividad de ilustrador, con las computadoras?
-Es un ítem nuevo para mi trabajo. Una herramienta a la que tuve
que acudir ahora. Los tiempos cambiaron y ya no puedo ir a una editorial
sin un zip o un diskette. Así y todo me encanta.
-¿Cuántos
años tenés?
-El secreto de mi edad está oculto, enterrado en una tumba europea,
cerca de Transilvania, sí. Pero me fui adaptando. En los tiempos
de las cavernas de Altamira usé el carbón, en el Renacimiento,
Oleo, y ahora en el 2000, una Macintosh".
Una Macintosh G-4, para ser más preciso: algo así como
una Ferrari en el ámbito de la digitalización y el diseño.
Sin edad definida, aunque maduro docente en la Universidad de Berisso,
entre otros lugares donde da clases, a Rocambole lo pueden los jueguitos
electrónicos: "Me impresiona mucho la estética de
los videogames. Al principio eran muy cuadrados, toscos. Ahora manejan
la idea de las tres dimensiones. Pronto será difícil diferenciar
la imagen digital de la real. La estética es fría, pero
muy real. El futuro de los ilustradores va a estar signado por esta
estética".
También aplaude al animé japonés: "El eje
de la animación mundial pasa por Japón. Empezó
con Meteoro y los robots como Mazínger, de movimientos muy limitados.
Y lo que hacen ahora "Akira", "Ghost in the Shell",
es sorprendente. Hay mucho clima, me recuerdan a algunos directores
japoneses; directamente a Akira Kurosawa, la atención que le
prestan a los paisajes".
-Y
ahora vas a ser el jurado en Digitalizaci6n y Arte Bizarro para el Primer
Concurso Nacional de Comics.
-Bueno, para juzgar, parece que hay que elegir a alguien, lo cual ya
es bastante difícil. Pero alguien tiene que hacerlo. Mi consejo
es que exploren cada medio que tengan a mano, pero que finalmente usen
el cerebro. Las máquinas ofrecen mucho, pero sólo sirven
si hay una idea en la cabeza.
En el mundo Rocambole, el equilibrio entre contenido y envase nunca
corrió peligro. Gulp, casi artesanal con un aire de Jackson Pollock;
Oktubre, revolucionario y con la Catedral de La Plata en llamas; Un
Baion para el ojo Idiota, bombardeando a los medios e incorporando un
muñeco de la hija de Cohen. Luego Bang bang estás liquidado
y el homenaje a Goya, y La Mosca y la Sopa "un cuadro de tres metros
por dos metros y pico. Collages, relieves y un gato muerto".
-¿Un
qué?
-Un gato muerto que encontré en la terraza de casa. Estaba perfectamente
conservado, casi momificado. "Esto puede servir para algo",
pensé en un momento y así fue./M. del A.

|