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Entrevista exclusiva con Los Redondos
DEL UNIVERSO AL BIFE

Revista La García - Noviembre de 2001


¿Por qué este título? Simplemente porque así bautizó el Indio Solari a las entrevistas con La García. Porque en ellas se habla de todo, desde lo puramente existencial hasta de si fuma o si toma tal o cual cerveza. Como en los dos encuentros anteriores, pasamos un rato largo con la plana mayor de Patricio Rey, reporteando pero también charlando sin grabador de por medio. "Es un placer que pocos pueden darse", pensábamos mientras nos acercábamos al lugar de encuentro. Por eso, tratamos de hacerles las preguntas que cualquiera de ustedes les harían. Y, claro, con un número no nos alcanza. Aquí va la primera parte, donde se habla de los shows de Montevideo y Córdoba, de la dedicatoria de Juguetes perdidos a Walter Bulacio, de los atentados en Nueva York, de la música electrónica y de las elecciones. Para la segunda parte reservamos varias joyitas: Los Redondos opinan sobre Los Piojos, La Renga, la Selección argentina de fútbol, Sandro, Manu Chao y... anticipan algo del disco nuevo. ¿Qué otra revista te puede dar todo eso?


Después de casi 40 años, el Indio Solari dejó de fumar. Dice que la pasó muy mal en Montevideo, que había comenzado con un zumbido en el oído un tiempo antes y que, para soportar el monitor inalámbrico que usa en los shows y va en sus oídos, tuvo que recurrir a unos cuántos analgésicos y antiinflamatorios. Cuenta que en esos días su vida transcurría entre "En busca del Decadrón perdido y El último que limpie los auriculares", y que regresó a Buenos Aires con mucha fiebre. Conclusión: no va más al tabaco desde entonces, 23 de abril de 2001.
Semejante decisión hizo temer por los sucedáneos. ¿Cómo frenar la ansiedad cuando uno levanta el poderoso dique del tabaco? Lo primero fue desterrar de ese lugar la comida, a pesar de alguna tentación inicial hacia ciertos manjares regionales que le traían algunos parientes. El Indio se ríe: "En cada lugar del interior dicen que tienen los mejores salames y los mejores quesos de campo. Es ridículo". Y después confiesa, sin ponerse solemne, pero evaluando hasta donde se puede sostener esta situación, que está tomando más alcohol. Que en realidad siempre fue de tomar bastante, pero que antes empezaba al anochecer y en cambio ahora arranca al mediodía. Y concluye: "Voy a ver si después de los próximos análisis estoy mejor o peor. Si estoy peor, creo que voy a volver a fumar". En general, el Indio toma cerveza.
Es cerveza lo que pide Poli para los seis en un bar de Palermo viejo, después de preguntarnos uno por uno si estamos de acuerdo. Nos acomodamos en dos mesas cuadradas pegadas; en una cabecera está el Indio, en la otra Skay, en uno de los lados la Negra Poli y Humphrey y en el otro Pablo y Martín. "¿Es fina o gruesa la pizza?", pregunta Poli. La moza duda un instante y contesta con otra interrogación: "Mmmm...¿cómo se dice en español?" Nos miramos desconcertados y el Indio lanza un "middle", medio en joda, medio ¿qué me estás preguntando? "Moyen-agrega la moza-. Es que soy francesa". Buen dato: la chica no tiene idea de quiénes son esos dos tipos y esa mujer con la que estamos hablando, Poli pide una pizza napolitana.
No hay mucha gente en el restaurante, apenas un par de mesas ocupadas, un par de parejas, nadie que venga a armar alboroto. La verdad, estamos desconcertados. Habíamos hecho todo tipo de elucubraciones al respecto, que vendrían en un auto con vidrios polarizados, que habría una especie de vip en aquel lugar, que tal vez estaba cerrado y lo abrirían especialmente para ellos... nada de eso. Es más, nosotros tres llegamos antes y tuvimos que esperar unos diez minutos: en el lugar nadie tenía idea de que íbamos a hacer la nota allí. Entramos y nos fuimos como de cualquier restaurante. "¿Quién organizó todo?", se jactó Poli, tres cervezas y dos fernet después, señalándose a sí misma con su mano, con una amplia sonrisa en la cara.
El Indio, Skay y Poli llegaron caminando desde la casa que comparten el guitarrista y la manager a unas cuadras. No, nada de lo que se imaginan: ni fans, ni groupies, ni limusinas, ni guardaespaldas, ni hordas de desangelados, ni siquiera un molesto que les pidiera un autógrafo o, al menos, les gritara un"aguante Los Redondos". Nada. Se sentaron y, antes de comenzar la charla, el Indios se sacó los anteojos de sol. El dato parece menor, pero no lo es: era la primera vez que iniciábamos una charla y él estaba sin anteojos. Y eso que todas las notas siempre fueron de noche.
El Indio tiene una mirada que te atraviesa. Claro, es muy difícil abstraerse del hecho de que estás frente al Indio Solari, pero así y todo, te fulmina. Por eso uno entiende cuando elige el terreno de la confesión para explicar lo que significa para un tipo como él relacionarse hoy con gente a la que no conoce y por qué prácticamente le resulta imposible hacer nuevas amistades. Uno entiende esa soledad profunda, tan profunda que se hace imposible compartirla con alguien.
Skay es otra historia. Alguna vez lo bautizamos como "la música", porque cuando él habla vale la pena escucharlo. Siempre dice algo cuando tiene algo para decir y, en general, lo hace en voz baja, casi en estado zen. Pero un zen sin shopping ni disco. Es atento, y camina por su barrio como un vecino más. Uno casi lo llega a querer.
Solari se entusiasma especialmente cuando habla de la música de edición (su trabajo cotidiano) y de la cultura rock (el marco histórico, social, cultural e ideológico en el que se desarrolló su vida y su obra). Pero su entusiasmo se vuelca también a otros temas. Al Indio le gusta hablar, le gusta elegir cada palabra precisa, argumentar cada opinión hasta que no quedan más angulos desde donde abordar un tema, se trate de las nuevas canciones de Los Redondos o de cómo juega la selección nacional. Su entusiasmo lo lleva a hablar de todo, en un fervor hacia el acto de exponer ideas inédito en el rock. Tal vez el único que se le parece un poco en semejante ejercicio intelectual es Daniel Melero. Y, fuera del rock, Alejandro Dolina. La comparación es absolutamente arbitraria, por supuesto, pero en muchos aspectos nos hizo acordar a esas personas.
Claro que su fervor entusiasta por discutir, opinar y cambiar ideas no lo transforma en un tipo que espera ver sus frases talladas en mármol. Como nunca en las tres entrevistas que tuvimos con Los Redondos, el Indio Solari esta vez se encargó de dejar bien en claro que nada de lo que diga puede ser tan importante e incluso prefirió restarle importancia a lo que para muchos es el valor supremo de Los Redondos: su capacidad para decir no. El Indio habla y opina de todo porque se entusiasma y porque se produjo un clima distendido, ayudado por unas cuantas cervezas (¿seis? ¿ocho? Nosotros también perdimos la cuenta...) y porque es un tipo amable. Pero...

INDIO: No hay nada peor que las tendencias exitosas. Las tendencias exitosas como el rock, lo que generan es mediocridad. Y con la música de edición pasa lo mismo. Cuando me refiero a música electrónica no me refiero al house o al dance. El título que se le da por lo general, que es progressive, no me gusta porque me hace acordar a la música progresiva (se ríe). Pero en realidad es eso, y lo único que tienen en común es el sistema de edición.

-¿Y el fenómeno de los DJs qué te parece?
INDIO: A mí pinchar discos me parece entretenido, tenes que tener un feeling para sentir la noche, la gente que te baila, pero no es una cosa que me interese. Me interesan, sí, los DJs que pinchan discos y aparte producen discos. La maravilla que trae este mundo de la música de edición, es que podés escaparte del género. A mí la cultura rock me formó, me dio mucho y todo, pero no me interesa más ir a ver a bandas de rocanrol cuadrado. Porque lo viví toda la vida, crecí con eso, sé quién lo hace bien y quién está haciendo por quinta vez chachachachannturi...¡Ya está! La música de edición ha traído una maravilla que es el asunto de los sonidos, las texturas, las profundidades, las tres dimensiones. Es una música que se merece, de aquí en más, el mundo. En función, aparte, de cómo funciona el mundo, de lo que hay para ver, el sonido surround. Cuando aparezcan esas cosas, cuando en este país la gente pueda disfrutar de los beneficios de la tecnología...

-En el mundo es una música masiva...
INDIO: No tanto. No hay que confundir la música tecno, de discotheque, que es otra cosa. Eso existió toda la vida. La música electrónica incluye montones de subgéneros. Lo mismo que la cultura rock. La cultura rock es una cultura que se fagocitó montones de subgéneros. Yo creo que lo primero que se está escapando de eso, de la cultura rock, es este sonido. Porque tiene otras características. Lo que sí se parece mucho, y es otro atractivo, es que son todos productores independientes que trabajan en sus casas. Tienen home studios. Luzbola parece el estudio egipcio de Los Angeles, porque está mucho mejor preparado que cualquiera de esos estudios. Porque como se trabaja todo por línea, en realidad no necesitás lugares acústicos ni nada. Y son máquinas baratas. Un sampler sale trescientos dólares. No digo que se lo compre la gente que esta inundada en Santa Fe, pero para aquél que pretende hacer música, y publicar y editar, son máquinas baratas...

-¿Y te gustaría trabajar con alguno de esos productores en algún momento?
INDIO: No, no, no. A mí me gustaría ser productor (risas). Creo que el productor es el que pinta. El que decide el sonido final, es el que está trabajando. A mí hacerme producir por otro nunca me interesó, y por eso nos mandamos tantas cagadas con Skay (risas), porque nos gustó producirnos nosotros y no que venga uno de estos tipos y que diga "no, la guitarra...".

Equipo de Actuación

-¿Cómo fue llevar en vivo la música de edición?
INDIO: Generalmente, todos esos productores trabajan en estudios y después tienen un equipo de actuación. Porque lo que no permite la música de edición es que la actuación sea vasodilatadora. Es un embole ver a dos boludos con un montón de maquinolas. El otro día vi un show de Moby alucinante. Pero el tipo reemplaza, tiene una bajista, un par de negros que hacen las voces que él tomó de discos de blues viejos... Los tipos generan un álbum y después lo presentan. Es un poco lo que nosotros estamos haciendo ahora.

-¿Eso significa que hoy Los Redondos están tan lejos del concepto de banda de rock como lo estaban de una banda tropical cuando se pusieron el nombre Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, inspirado en esas agrupaciones caribeñas?
INDIO: Yo siento que no he modificado prácticamente nada. En realidad, siempre fue así. Nunca hicimos música comunal, las canciones las hicimos con Skay. No es que le preguntábamos qué hacer a la banda. Nunca se trabajó así. Lo bueno que tiene en estos casos, si lo quisiéramos comparar con un equipo de actuación, es que el equipo de actuación son amigos, están con uno y en vez de contratar... Qué sé yo, podemos contratar algún músico invitado. Yo estoy viendo, todavía no lo he hablado con los chicos, pero probablemente tengamos que tener a alguien más que cante en la banda. Tiene que haber alguna voz masculina. Lo que pasa es que poner dos tipos con panderetas, todo eso (risas) no es lo mejor. Vamos a ver cómo hacemos.

-¿Cómo se sintieron en Montevideo, cuando llevaron los temas de Momo Sampler al directo por primera vez?
SKAY: En realidad fue mucho más sencillo de lo que esperábamos. Cuando empezamos a grabar, ni pensábamos en cómo se iba a solucionar en vivo. Pero las cosas se fueron acomodando bastante bien, por el hecho de que aparezca Hernán, que puede disparar samplers, cuestiones rítmicas que por ahí son más complicadas para una sola batería y que podés resolver en dos baterías y los samplers. Fue mucho más sencillo de lo que creíamos.
INDIO: De cualquier manera, siempre, aunque uno no lo está pensando, lo está pensando. En el momento de componer, a mí me pasa, hay un formato que son Los Redondos y que en algún lugar está. Yo me enloquezco pero en algún lado estoy pensando.

-¿Cuáles creen que son los temas que más rindieron en vivo?
SKAY: Todos los temas ganaron en vivo. Hay algunos momentos pico: Sheriff, por ejemplo. Los temas llevan un proceso: la creación, el momento de grabarlos, y después van madurando. A medida que los vas tocando hay pequeños arreglos, pequeños rollos, pequeñas cosas y todo se empieza a acomodar, la duración de un solo, cómo irrumpe en determinados segmentos y que se van acomodando. El tema está grabado y quedó, pero al momento de ensayarlo empezás a recrearlo.

-Da la sensación de que los temas llegaron maduros a Montevideo...
POLY: Hay una cuestión emocional.
INDIO: Trato de no comparar las dos cosas. En directo se pierde en prolijidad y en calidad de sonido, pero se gana en potencia y en emoción. Por eso insisto: son dos campos totalmente diferentes. Uno tiene que poder representar, de alguna manera, la música. Y, como dice Skay, de movida ganan en vivo. En el disco hay lugares que te vas a un fade out y acá tenés que arreglarlo, y aparece una nueva figura que no estaba y que también, si es rica, aporta otra cosa. Para mí, son dos ámbitos bastante diferentes, generan dos circunstancias totalmente distintas.

-¿La elección de Morta.com para abrir Momo Sampler en directo (en Montevideo y Cordoba) fue por algo en especial?
SKAY: Los comienzos requieren...hay determinados temas donde la voz está muy exigida, entonces...
INDIO: Temas viejos. Para poder cantar Preso en mi ciudad como cuando era joven, tiene que estar un poco calentita la gola, no lo podés poner como primer tema, sobre todo porque yo no soy de estar haciendo ejercitaciones en el camerino. Se me va calentando a medida que va pasando el show.
SKAY: Por otro lado tienen que ser temas que podamos tocar casi de memoria, porque la ovación de la gente te tapa todo, y ni nos escuchamos entre nosotros... Mortapuntocom es un tema que dentro de todo ayuda.

-La verdad, esperábamos algo más "del concepto"...(risas)
INDIO: Tiene que ver con muchas cosas. Hay temas que se eligen por la tonalidad, y uno también piensa en cómo manejar un poco el clima. De alguna manera, uno es el disc jockey de sí mismo y opta por manejar como un pulso imaginario.

Teatros versus Estadios

-Como no habilitaron el campo en Montevideo, se dio una recreación del ámbito teatral, que era lo que ustedes habían comentado que les gustaría lograr. ¿Cómo lo vieron desde el escenario?
INDIO: Bien, pero me cuesta mucho diferenciar. Para mí el escenario es un lugar donde tengo que resolver mi expresión, no importa cómo sea.
SKAY: Pero se notó que estábamos más cerca, hubo una sensación de un poco más de intimidad. River es enorme...
INDIO: River es una cosa especial. Pero en Córdoba pasó lo mismo.
SKAY: En Córdoba la tribuna también cerraba así.
INDIO: Pero de todas maneras, en todos esos momentos yo siento un estadio. Nunca siento un teatro, ni nada. Para mí es un estadio. Arriba de 25 o 30 lucas, es un estadio. Hay mucha gente ahí. Aparte, las estructuras: esto es un escenario que vos armás, otro mambo. Por supuesto, las dos cosas tienen lo suyo. Lo que pasa es que una nos es posible y la otra, momentáneamente, nos está vedada. La vez pasada yo enmarcaba que a veces extraño eso. Pero uno siempre extraña lo que no puede tener.

-¿No les da ganas de juntarse en un sótano, en un lugar secreto y hacer un show íntimo?
INDIO: No, no, no. ¿Tocar en algún lugar de improviso? Se sabría. No se sabría antes, pero después sí. Toques donde toques, al otro día va a salir. Aparte te acostumbrás a ciertas cosas, como el sonido. Yo supongo que, como todo, la estrella cambia. En algún momento estaremos tocando en lugares chicos. Las cosas no duran para siempre. No es esa ambición que decís "nunca más me va a pasar". No, me va a pasar en cada lado...

-Es raro, ¿no? Porque todas las bandas aspirarían a tocar cada vez para más gente...
INDIO: ¡Pero yo no reniego! Estoy diciendo que extraño. Saber que somos el grupo musical que más gente de todos los géneros musicales con entrada paga ha hecho un estadio es una cosa gratificante. Sobre todo para una producción independiente. Es conmovedor, subir a un River hasta las tetas. Estoy diciendo que a veces, cuando uno viene comiendo caviar, caviar, caviar...te querés comer una pizzeta. Es así. Pero, si estuviera tocando en algún boliche, estaría amargado como el culo de un pepino, diciendo "no me pasó una mierda en esta vida. No fue exitoso el proyecto en el que estuve". Supongo, no sé. Uno nunca puede ver la vida de uno de dos maneras diferentes.

-¿Es cierto que desde que tocaron no podés ir tranquilo a Montevideo, como antes?
INDIO: No, no. Pero me he tomado mi pausa en función de que siempre me pasa una cosa así... Es como pasa en mi casa. Cuando no tocás, no van todo el tiempo a tocarte el timbre, a dejarte CDs y casetes y banderas y cosas.

-Ustedes nunca habían tocado con otras bandas, ni con grupos soporte. ¿Por qué en Montevideo, antes del show, tocaron Sevelé y La Tribu Mandril?
INDIO: Desgraciadamente ni los conocí, ni estuve con ellos. Porque el escenario estaba lejísimo, ellos estaban en otro lado, en otro camerino. Y después escuché la grabación. Pero no los conocí a los chicos.

-¿Los uruguayos estuvieron por alguna reglamentación?
POLI: No había ninguna reglamentación. Fue una cuestión de respeto con la gente de la ciudad. Una manera de que ellos estuvieran presentes.
INDIO: Porque en realidad tampoco es una banda de rock. Es otra cosa. Algo que, en definitiva, puede parecerse a los talentos, a los cómicos o a los grupos de animación que teníamos antiguamente.

-Estuvo bien cuando dijeron que no haya locales ni visitantes...
INDIO: A veces uno dice cosas que pueden sonar un poco demagógicas, pero en última instancia es tirar una onda desde arriba del escenario. Yo no soy muy de hablar, porque me parece que cualquier cosa que decís desde arriba es medio demagógica. Hay momentos donde de pronto una pequeña palabra desde ahí ayuda, y por eso uno lo manda. Lo ideal sería que uno no hablara arriba del escenario.

Walter y la Demagogia

-En Montevideo también hiciste una alusión a Walter Bulacio, por primera vez desde arriba de un escenario.
INDIO: Coincidía...¿Sabés qué? Cuando hablo de demagogia estoy hablando de eso. De que uno tiene que abrir la boca cuando lo siente. Y por más que haya una especie de obediencia pública que por momentos te compulsa a hacer la canción de Walter, a hacer todo... Y esa es la gran traición contra la sensibilidad de la gente, llevado por la demagogia a hacer cosas y tener todo el tiempo...Yo, sinceramente, ese día sí sentí que era un buen momento para hacer el comentario que hice. Y aún así tengo mis dudas.

-De todos modos, no hay un reclamo de la gente en ese sentido.
INDIO: No. Pero son pudores que uno tiene. Tengo mucho temor al discurso desde ese lugar. La canción tiene que ser potente, porque eso es lo que te justifica. Pero el discurso es el aprovechamiento del poder de fuego que tenés ahí. Entiendo que hay gente a la que las circunstancias de la vida lo llevan a tener actitudes que a mí me repugnan. Yo estoy bendecido por el permiso de mucha gente para no tener ese tipo de actitudes. Ni siquiera me quiero meter a enjuiciar la manera en que hablan los demás. Pero a mí ese tipo de cosas me rebelan mucho más que cualquier otra cosa.

-¿Cuáles son "ese tipo de cosas"?
INDIO: Si la gente conociera cómo son los mecanismos que funcionan en esos festivales... No quiero meterme en eso porque cada uno hace de su plan lo que puede, y lo que quiere. Nosotros, en ese sentido, estamos bendecidos por el cariño de la gente y eso nos ha permitido respetarnos a nosotros mismos y tomar las decisiones cuando son reales, y no cuando nos conviene. Pero bueno, es muy fácil decirlo. Cuando digo bendecido, con el hecho de que la gente compra tus discos, escucha lo que hacés, te va a ver, llenás los recitales en épocas de crisis. Pareciera ser que es un lugar bastante cómodo para poder ser honesto, poder ser virtuoso y poder ser elegante. Es verdad, no sé qué sería de mí si esto me hubiera tratado de otra manera. No estoy emitiendo un juicio con respecto a eso; simplemente digo que yo me puedo dar ese lujo. Darme el lujo de no ser demagogo al pedo. Yo no sé lo que es ser un músico de sesión, o tener que aparecer en algún lado, o estar que ya no vendés y la compañía te bajó el pulgar...Qué sé yo, no sé qué es todo ese mambo.

Los Redondos dan laburo

-Hoy, cada show de Los Redondos, más allá del espectáculo artístico, genera mucho laburo alrededor: la gente viaja, va al hotel, se come un choripán...
INDIO: Hay un montón de combinaciones diferentes (risas). Hay algunos que van sin ellos, el cerebro quedó acá y van. Hay de todo.

-Pero en un momento donde nadie gasta un mango, un show como el de Córdoba implica un movimiento de veinte mil personas que gastan guita.
INDIO: Desgraciadamente, yo no soy muy optimista con respecto a eso. Puede ser el último baluarte de la gente interesada por algo, que gaste su último billete o que lo guarde o que lo robe, o no sé cómo hacen. Pero esto que está pasando en el país hoy tiene una inercia tan trágica que supongo que en cualquier momento para todo el mundo se acabó. Es muy difícil que esas cosas duren porque está todo mal, muy mal.

-Pero tal vez al tipo que tenía un puestito de choripán en la zona del Chateau le salvaste, no sé si el año, pero sí un par de meses...
INDIO: No lo estoy viviendo con culpa. Digo que esta última intención de la posibilidad de la gente de ir a confirmar algo con su esfuerzo es una cosa que en cualquier momento también puede dejar de pasar, porque la gente está hasta las manos. Cada vez que nos reunimos para una nota (una vez por año), creemos que nunca puede estar peor, ¿no? Siempre terminamos hablando de lo mal que está todo. Y pasan unos meses y está peor mal, mal, mal. A mí no me da miedo por mí, ni por mi proyecto. Porque a esta altura estamos un poco confirmados. Es decir, si uno quería decir "ya me pasó", podría decir "ya me pasó". Yo no necesito que la vida me justifique más. Me preocupa por el hecho de qué pasa cuando ni siquiera estos proyectos pueden amparar el corazón de la gente.

-¿Cómo los afecta a ustedes en lo personal y en lo cotidiano esta situación colectiva?
INDIO: Yo no estoy viviendo ningún padecimiento de los que vive el porcentaje mayoritario de la población. Pero uno no vive solo en este mundo. El resto de mi familia, o mis amigos, son profesores, gente que vive con nada, e intento-en lo posible- darles una mano. Pero no vivimos rodeados de gente exitosa. Tampoco en la farándula, en la noche, rodeados de ejecutivos y de modelos, falopín y esas cosas...

-En cambio los tipos que toman las grandes decisiones sobre la economía y la política sí parecen rodeados de gente exitosa. Los mercados, Cavallo, De La Rúa o quien fuera...
INDIO: Es que es así. Generalmente, la gente termina vinculándose con otros que están en la misma: los que tenemos guita vamos al country, y estamos encerrados ahí, en esa nube de pedos, mirando todos Direct TV, yendo al colegio Saint Paul y no sé qué mierda, y todos en esa burbuja, viviendo en eso, un poco también en defensa propia. Cuando digo esto sé lo miserable que soy y nunca he podido ponerme en juez de los demás, pero vivir en una nube de pedos, en una situación cortesana, no es una cosa conveniente, tampoco. Es como una manera que uno tiene de detener la realidad para que no te afecte todo el tiempo. Pero del otro lado del paredón de tu country está bulleando otra cosa...

Nueva York de hoy

-Hasta que en algún momento viene un talibán suicida en un avión y por ahí la pasás mal...
INDIO: Exacto. Bueno, eso es lo que ha pasado. Se está poniendo muy difícil para cualquier intelectual no ver la cultura como una enfermedad y la condición humana como una abyección. Se acabó la Disneylandia donde iban todos los ricos de todo el mundo a disfrutar sin ningún tipo de problemas, entre los cuales estoy yo. A mí Nueva York es una ciudad que me apasiona. Pero la capital del imperio, donde la gente que vive bien de todo el mundo iba a disfrutar alegremente, también se ha acabado. Si yo tuviera que elegir entre vivir en Nueva York o a Kabul, yo me voy a Nueva York (risas). Pero por otro lado, lo que ha pasado tiene otra significación, una significación política; es decir, la capital del imperio es lo que es. Es toda una abyección el hecho de que alguien mate cinco mil tipos de 62 nacionalidades diferentes. Pero por otro lado, también estamos viendo todavía que mueren a parvas en otros lados, y Occidente está ciego a ese dolor.

-Emocionalmente, ¿qué te pasó el 11 de septiembre a la mañana cuando prendiste la tele?
INDIO: Me acordé de dos vendedores de Structure. Espero que hayan zafado porque estaban abajo. Espero que no le hayan hecho caso al "Don´t panic, stay where you are" (risas). Yo siempre voy a los malls que hay abajo, porque hay un lugar, Structure, donde me gusta comprar alguna ropa. Hay un trolo, un negro y otro, que son unos tipos con los que mas de una vez hemos estado chichoneando, boludeando, y espero que estén vivos. Me impresionó eso. Es conmovedor porque vos conocés el lugar. Es diferente cuando bombardean Kabul y vos decís "qué sé yo como es Kabul, debe haber un mercado, carnes colgando, no sé qué". Pero lugares donde uno estuvo, y que va muy frecuentemente, es raro. De cualquier manera la magnitud que tiene es trágica.

Las elecciones

-Hubo elecciones hace poco, ¿fueron a votar?
INDIO: Sí, yo fui. Pero me gustaría que el voto fuera voluntario. Más allá de que la multa por no ir es ínfima, a veces podés tener alguna complicación burocrática con algunos trámites. Me resulta más fácil ir. Voy a las seis menos diez, me están esperando a mí con cara de orto porque soy el que falta para cerrar el escrutinio. Llego, entro, voto, firmo un par de autógrafos en la mesa y me voy. A mí sinceramente me gustaría que fuera voluntario el participar o no, porque hay momentos en que la voluntad de uno es no participar. No puede ser obligatorio que la gente esté compelida a participar de un sistema por el simple hecho de habitar acá. A mí me gusta la libertad en todo sentido.
SKAY: Por supuesto que uno sabe que al no ejercer ese derecho le está dando el poder a otro que decide sobre uno.
INDIO: Lo que pasa es que, se quede el que se quede con el poder, a mí me da lo mismo. La diferencia entre Menem y Chupete De La Rúa me importa un queso porque sé cómo funciona la estructura. Cualquiera que tiene voluntad de tener poder político no es por hacerte bien a vos o para la argentinidad. Es para llegar a un escritorio donde hay unos papeles que firmar, unas cometas que hacer y unos amigos que colocar. Esa es la carrera política. ¿Vos pensás que tirarían la honra a los perros y se pelearían como se pelean para darte una mano a vos o a mí? Me importa tres carajos si es Menem, De La Rúa o Duhalde. Madonna me gustaría.

-Si no fuera obligatorio, ¿irías a votar?
INDIO: Lo que tiene la libertad es la posibilidad de elegir. Lo que quiero es ser libre, después veo. No sé si no quiero votar, por ahí a veces sí. Quiero ser libre de votar o no votar. Eso me interesa. No me gusta ninguna obediencia pública, no creo en estos órdenes. En algún lugar uno es medio anarco por más que sepa que cualquier ordenamiento precisa de una estructura. A mí me ofenden el documento de identidad, la policía. Si hay un ejemplo de lo que era Estados Unidos antes del atentado es que era una sociedad donde vos podías vivir sin andar mostrando una tarjeta con una certificación de tu existencia. Me ofende el documento de identidad, pero no soy pavote, tengo DNI.

-Paradójicamente hay una remera con tu DNI...(risas)
INDIO: ¡Por ejemplo! ¡Un escrache total! Volviendo, yo acepto las reglas del juego, pero no me gusta que una entidad me obligue a hacer cosas. A mí me ha pasado alguna vez de preguntarle a un juez si él creía que yo merecía estar preso después de estar hablando con él. Como diciéndole "¿desde donde me estás juzgando? Estamos hablando, vos sos un tipo inteligente. ¿Yo que soy? ¿Un canalla que merece estar preso?" Esas cosas pasan. Si uno ve quiénes pueden enjuiciarte y ve sus conductas públicas es muy difícil creer en los Trovato, los Oyarbide, tipos que te pueden hacer mal a vos.

Zapatillazos y miedo

-En Córdoba te tiraron un zapatillazo, Indio, y te calentaste. ¿No le tenés miedo a las bengalas, por ejemplo?
INDIO: En el momento no pienso, y lo que más me pasa es tener que pedir disculpas por el cambio de humor, pero no estoy acostumbrado a que me tiren zapatillazos en la cabeza...
SKAY: Siempre que te tiran remeras las agarrás en el aire...
INDIO: Las luces a veces te engañan, o estás compenetrado con la música, con los ojos cerrados, y te la dan. Pero no participo de esa cosa teenager de tirarle cosas al público...a nosotros no nos interesa. Te pueden pasar cosas, claro: si vos jugás al fútbol y te viene un defensor uruguayo con los tapones de punta, cagaste (risas). Pero uno debe tener más precauciones fuera del escenario. Cuando salgo, o en casa, entre toda la gente que hay siempre están los que quedan tildados con alguna cosa, sobre todo por estéticas que uno maneja. Uno ya sabe que esos personajes son los peligrosos.