|
Después
de casi 40 años, el Indio Solari dejó de fumar. Dice que
la pasó muy mal en Montevideo, que había comenzado con
un zumbido en el oído un tiempo antes y que, para soportar el
monitor inalámbrico que usa en los shows y va en sus oídos,
tuvo que recurrir a unos cuántos analgésicos y antiinflamatorios.
Cuenta que en esos días su vida transcurría entre "En
busca del Decadrón perdido y El último que limpie los
auriculares", y que regresó a Buenos Aires con mucha fiebre.
Conclusión: no va más al tabaco desde entonces, 23 de
abril de 2001.
Semejante decisión hizo temer por los sucedáneos. ¿Cómo
frenar la ansiedad cuando uno levanta el poderoso dique del tabaco?
Lo primero fue desterrar de ese lugar la comida, a pesar de alguna tentación
inicial hacia ciertos manjares regionales que le traían algunos
parientes. El Indio se ríe: "En cada lugar del interior
dicen que tienen los mejores salames y los mejores quesos de campo.
Es ridículo". Y después confiesa, sin ponerse solemne,
pero evaluando hasta donde se puede sostener esta situación,
que está tomando más alcohol. Que en realidad siempre
fue de tomar bastante, pero que antes empezaba al anochecer y en cambio
ahora arranca al mediodía. Y concluye: "Voy a ver si después
de los próximos análisis estoy mejor o peor. Si estoy
peor, creo que voy a volver a fumar". En general, el Indio toma
cerveza.
Es cerveza lo que pide Poli para los seis en un bar de Palermo viejo,
después de preguntarnos uno por uno si estamos de acuerdo. Nos
acomodamos en dos mesas cuadradas pegadas; en una cabecera está
el Indio, en la otra Skay, en uno de los lados la Negra Poli y Humphrey
y en el otro Pablo y Martín. "¿Es fina o gruesa la
pizza?", pregunta Poli. La moza duda un instante y contesta con
otra interrogación: "Mmmm...¿cómo se dice
en español?" Nos miramos desconcertados y el Indio lanza
un "middle", medio en joda, medio ¿qué me estás
preguntando? "Moyen-agrega la moza-. Es que soy francesa".
Buen dato: la chica no tiene idea de quiénes son esos dos tipos
y esa mujer con la que estamos hablando, Poli pide una pizza napolitana.
No hay mucha gente en el restaurante, apenas un par de mesas ocupadas,
un par de parejas, nadie que venga a armar alboroto. La verdad, estamos
desconcertados. Habíamos hecho todo tipo de elucubraciones al
respecto, que vendrían en un auto con vidrios polarizados, que
habría una especie de vip en aquel lugar, que tal vez estaba
cerrado y lo abrirían especialmente para ellos... nada de eso.
Es más, nosotros tres llegamos antes y tuvimos que esperar unos
diez minutos: en el lugar nadie tenía idea de que íbamos
a hacer la nota allí. Entramos y nos fuimos como de cualquier
restaurante. "¿Quién organizó todo?",
se jactó Poli, tres cervezas y dos fernet después, señalándose
a sí misma con su mano, con una amplia sonrisa en la cara.
El Indio, Skay y Poli llegaron caminando desde la casa que comparten
el guitarrista y la manager a unas cuadras. No, nada de lo que se imaginan:
ni fans, ni groupies, ni limusinas, ni guardaespaldas, ni hordas de
desangelados, ni siquiera un molesto que les pidiera un autógrafo
o, al menos, les gritara un"aguante Los Redondos". Nada. Se
sentaron y, antes de comenzar la charla, el Indios se sacó los
anteojos de sol. El dato parece menor, pero no lo es: era la primera
vez que iniciábamos una charla y él estaba sin anteojos.
Y eso que todas las notas siempre fueron de noche.
El Indio tiene una mirada que te atraviesa. Claro, es muy difícil
abstraerse del hecho de que estás frente al Indio Solari, pero
así y todo, te fulmina. Por eso uno entiende cuando elige el
terreno de la confesión para explicar lo que significa para un
tipo como él relacionarse hoy con gente a la que no conoce y
por qué prácticamente le resulta imposible hacer nuevas
amistades. Uno entiende esa soledad profunda, tan profunda que se hace
imposible compartirla con alguien.
Skay es otra historia. Alguna vez lo bautizamos como "la música",
porque cuando él habla vale la pena escucharlo. Siempre dice
algo cuando tiene algo para decir y, en general, lo hace en voz baja,
casi en estado zen. Pero un zen sin shopping ni disco. Es atento, y
camina por su barrio como un vecino más. Uno casi lo llega a
querer.
Solari se entusiasma especialmente cuando habla de la música
de edición (su trabajo cotidiano) y de la cultura rock (el marco
histórico, social, cultural e ideológico en el que se
desarrolló su vida y su obra). Pero su entusiasmo se vuelca también
a otros temas. Al Indio le gusta hablar, le gusta elegir cada palabra
precisa, argumentar cada opinión hasta que no quedan más
angulos desde donde abordar un tema, se trate de las nuevas canciones
de Los Redondos o de cómo juega la selección nacional.
Su entusiasmo lo lleva a hablar de todo, en un fervor hacia el acto
de exponer ideas inédito en el rock. Tal vez el único
que se le parece un poco en semejante ejercicio intelectual es Daniel
Melero. Y, fuera del rock, Alejandro Dolina. La comparación es
absolutamente arbitraria, por supuesto, pero en muchos aspectos nos
hizo acordar a esas personas.
Claro que su fervor entusiasta por discutir, opinar y cambiar ideas
no lo transforma en un tipo que espera ver sus frases talladas en mármol.
Como nunca en las tres entrevistas que tuvimos con Los Redondos, el
Indio Solari esta vez se encargó de dejar bien en claro que nada
de lo que diga puede ser tan importante e incluso prefirió restarle
importancia a lo que para muchos es el valor supremo de Los Redondos:
su capacidad para decir no. El Indio habla y opina de todo porque se
entusiasma y porque se produjo un clima distendido, ayudado por unas
cuantas cervezas (¿seis? ¿ocho? Nosotros también
perdimos la cuenta...) y porque es un tipo amable. Pero...
INDIO: No hay nada peor que las tendencias exitosas. Las tendencias
exitosas como el rock, lo que generan es mediocridad. Y con la música
de edición pasa lo mismo. Cuando me refiero a música electrónica
no me refiero al house o al dance. El título que se le da por
lo general, que es progressive, no me gusta porque me hace acordar a
la música progresiva (se ríe). Pero en realidad es eso,
y lo único que tienen en común es el sistema de edición.
-¿Y el fenómeno de los DJs qué te parece?
INDIO: A mí pinchar discos me parece entretenido, tenes que tener
un feeling para sentir la noche, la gente que te baila, pero no es una
cosa que me interese. Me interesan, sí, los DJs que pinchan discos
y aparte producen discos. La maravilla que trae este mundo de la música
de edición, es que podés escaparte del género.
A mí la cultura rock me formó, me dio mucho y todo, pero
no me interesa más ir a ver a bandas de rocanrol cuadrado. Porque
lo viví toda la vida, crecí con eso, sé quién
lo hace bien y quién está haciendo por quinta vez chachachachannturi...¡Ya
está! La música de edición ha traído una
maravilla que es el asunto de los sonidos, las texturas, las profundidades,
las tres dimensiones. Es una música que se merece, de aquí
en más, el mundo. En función, aparte, de cómo funciona
el mundo, de lo que hay para ver, el sonido surround. Cuando aparezcan
esas cosas, cuando en este país la gente pueda disfrutar de los
beneficios de la tecnología...
-En el mundo es una música masiva...
INDIO: No tanto. No hay que confundir la música tecno, de discotheque,
que es otra cosa. Eso existió toda la vida. La música
electrónica incluye montones de subgéneros. Lo mismo que
la cultura rock. La cultura rock es una cultura que se fagocitó
montones de subgéneros. Yo creo que lo primero que se está
escapando de eso, de la cultura rock, es este sonido. Porque tiene otras
características. Lo que sí se parece mucho, y es otro
atractivo, es que son todos productores independientes que trabajan
en sus casas. Tienen home studios. Luzbola parece el estudio egipcio
de Los Angeles, porque está mucho mejor preparado que cualquiera
de esos estudios. Porque como se trabaja todo por línea, en realidad
no necesitás lugares acústicos ni nada. Y son máquinas
baratas. Un sampler sale trescientos dólares. No digo que se
lo compre la gente que esta inundada en Santa Fe, pero para aquél
que pretende hacer música, y publicar y editar, son máquinas
baratas...
-¿Y te gustaría trabajar con alguno de esos productores
en algún momento?
INDIO: No, no, no. A mí me gustaría ser productor (risas).
Creo que el productor es el que pinta. El que decide el sonido final,
es el que está trabajando. A mí hacerme producir por otro
nunca me interesó, y por eso nos mandamos tantas cagadas con
Skay (risas), porque nos gustó producirnos nosotros y no que
venga uno de estos tipos y que diga "no, la guitarra...".
Equipo de Actuación
-¿Cómo fue llevar en vivo la música de edición?
INDIO: Generalmente, todos esos productores trabajan en estudios y después
tienen un equipo de actuación. Porque lo que no permite la música
de edición es que la actuación sea vasodilatadora. Es
un embole ver a dos boludos con un montón de maquinolas. El otro
día vi un show de Moby alucinante. Pero el tipo reemplaza, tiene
una bajista, un par de negros que hacen las voces que él tomó
de discos de blues viejos... Los tipos generan un álbum y después
lo presentan. Es un poco lo que nosotros estamos haciendo ahora.
-¿Eso significa que hoy Los Redondos están tan lejos del
concepto de banda de rock como lo estaban de una banda tropical cuando
se pusieron el nombre Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, inspirado
en esas agrupaciones caribeñas?
INDIO: Yo siento que no he modificado prácticamente nada. En
realidad, siempre fue así. Nunca hicimos música comunal,
las canciones las hicimos con Skay. No es que le preguntábamos
qué hacer a la banda. Nunca se trabajó así. Lo
bueno que tiene en estos casos, si lo quisiéramos comparar con
un equipo de actuación, es que el equipo de actuación
son amigos, están con uno y en vez de contratar... Qué
sé yo, podemos contratar algún músico invitado.
Yo estoy viendo, todavía no lo he hablado con los chicos, pero
probablemente tengamos que tener a alguien más que cante en la
banda. Tiene que haber alguna voz masculina. Lo que pasa es que poner
dos tipos con panderetas, todo eso (risas) no es lo mejor. Vamos a ver
cómo hacemos.
-¿Cómo se sintieron en Montevideo, cuando llevaron los
temas de Momo Sampler al directo por primera vez?
SKAY: En realidad fue mucho más sencillo de lo que esperábamos.
Cuando empezamos a grabar, ni pensábamos en cómo se iba
a solucionar en vivo. Pero las cosas se fueron acomodando bastante bien,
por el hecho de que aparezca Hernán, que puede disparar samplers,
cuestiones rítmicas que por ahí son más complicadas
para una sola batería y que podés resolver en dos baterías
y los samplers. Fue mucho más sencillo de lo que creíamos.
INDIO: De cualquier manera, siempre, aunque uno no lo está pensando,
lo está pensando. En el momento de componer, a mí me pasa,
hay un formato que son Los Redondos y que en algún lugar está.
Yo me enloquezco pero en algún lado estoy pensando.
-¿Cuáles creen que son los temas que más rindieron
en vivo?
SKAY: Todos los temas ganaron en vivo. Hay algunos momentos pico: Sheriff,
por ejemplo. Los temas llevan un proceso: la creación, el momento
de grabarlos, y después van madurando. A medida que los vas tocando
hay pequeños arreglos, pequeños rollos, pequeñas
cosas y todo se empieza a acomodar, la duración de un solo, cómo
irrumpe en determinados segmentos y que se van acomodando. El tema está
grabado y quedó, pero al momento de ensayarlo empezás
a recrearlo.
-Da la sensación de que los temas llegaron maduros a Montevideo...
POLY: Hay una cuestión emocional.
INDIO: Trato de no comparar las dos cosas. En directo se pierde en prolijidad
y en calidad de sonido, pero se gana en potencia y en emoción.
Por eso insisto: son dos campos totalmente diferentes. Uno tiene que
poder representar, de alguna manera, la música. Y, como dice
Skay, de movida ganan en vivo. En el disco hay lugares que te vas a
un fade out y acá tenés que arreglarlo, y aparece una
nueva figura que no estaba y que también, si es rica, aporta
otra cosa. Para mí, son dos ámbitos bastante diferentes,
generan dos circunstancias totalmente distintas.
-¿La elección de Morta.com para abrir Momo Sampler en
directo (en Montevideo y Cordoba) fue por algo en especial?
SKAY: Los comienzos requieren...hay determinados temas donde la voz
está muy exigida, entonces...
INDIO: Temas viejos. Para poder cantar Preso en mi ciudad como cuando
era joven, tiene que estar un poco calentita la gola, no lo podés
poner como primer tema, sobre todo porque yo no soy de estar haciendo
ejercitaciones en el camerino. Se me va calentando a medida que va pasando
el show.
SKAY: Por otro lado tienen que ser temas que podamos tocar casi de memoria,
porque la ovación de la gente te tapa todo, y ni nos escuchamos
entre nosotros... Mortapuntocom es un tema que dentro de todo ayuda.
-La verdad, esperábamos algo más "del concepto"...(risas)
INDIO: Tiene que ver con muchas cosas. Hay temas que se eligen por la
tonalidad, y uno también piensa en cómo manejar un poco
el clima. De alguna manera, uno es el disc jockey de sí mismo
y opta por manejar como un pulso imaginario.
Teatros versus Estadios
-Como no habilitaron el campo en Montevideo, se dio una recreación
del ámbito teatral, que era lo que ustedes habían comentado
que les gustaría lograr. ¿Cómo lo vieron desde
el escenario?
INDIO: Bien, pero me cuesta mucho diferenciar. Para mí el escenario
es un lugar donde tengo que resolver mi expresión, no importa
cómo sea.
SKAY: Pero se notó que estábamos más cerca, hubo
una sensación de un poco más de intimidad. River es enorme...
INDIO: River es una cosa especial. Pero en Córdoba pasó
lo mismo.
SKAY: En Córdoba la tribuna también cerraba así.
INDIO: Pero de todas maneras, en todos esos momentos yo siento un estadio.
Nunca siento un teatro, ni nada. Para mí es un estadio. Arriba
de 25 o 30 lucas, es un estadio. Hay mucha gente ahí. Aparte,
las estructuras: esto es un escenario que vos armás, otro mambo.
Por supuesto, las dos cosas tienen lo suyo. Lo que pasa es que una nos
es posible y la otra, momentáneamente, nos está vedada.
La vez pasada yo enmarcaba que a veces extraño eso. Pero uno
siempre extraña lo que no puede tener.
-¿No les da ganas de juntarse en un sótano, en un lugar
secreto y hacer un show íntimo?
INDIO: No, no, no. ¿Tocar en algún lugar de improviso?
Se sabría. No se sabría antes, pero después sí.
Toques donde toques, al otro día va a salir. Aparte te acostumbrás
a ciertas cosas, como el sonido. Yo supongo que, como todo, la estrella
cambia. En algún momento estaremos tocando en lugares chicos.
Las cosas no duran para siempre. No es esa ambición que decís
"nunca más me va a pasar". No, me va a pasar en cada
lado...
-Es raro, ¿no? Porque todas las bandas aspirarían a tocar
cada vez para más gente...
INDIO: ¡Pero yo no reniego! Estoy diciendo que extraño.
Saber que somos el grupo musical que más gente de todos los géneros
musicales con entrada paga ha hecho un estadio es una cosa gratificante.
Sobre todo para una producción independiente. Es conmovedor,
subir a un River hasta las tetas. Estoy diciendo que a veces, cuando
uno viene comiendo caviar, caviar, caviar...te querés comer una
pizzeta. Es así. Pero, si estuviera tocando en algún boliche,
estaría amargado como el culo de un pepino, diciendo "no
me pasó una mierda en esta vida. No fue exitoso el proyecto en
el que estuve". Supongo, no sé. Uno nunca puede ver la vida
de uno de dos maneras diferentes.
-¿Es cierto que desde que tocaron no podés ir tranquilo
a Montevideo, como antes?
INDIO: No, no. Pero me he tomado mi pausa en función de que siempre
me pasa una cosa así... Es como pasa en mi casa. Cuando no tocás,
no van todo el tiempo a tocarte el timbre, a dejarte CDs y casetes y
banderas y cosas.
-Ustedes nunca habían tocado con otras bandas, ni con grupos
soporte. ¿Por qué en Montevideo, antes del show, tocaron
Sevelé y La Tribu Mandril?
INDIO: Desgraciadamente ni los conocí, ni estuve con ellos. Porque
el escenario estaba lejísimo, ellos estaban en otro lado, en
otro camerino. Y después escuché la grabación.
Pero no los conocí a los chicos.
-¿Los uruguayos estuvieron por alguna reglamentación?
POLI: No había ninguna reglamentación. Fue una cuestión
de respeto con la gente de la ciudad. Una manera de que ellos estuvieran
presentes.
INDIO: Porque en realidad tampoco es una banda de rock. Es otra cosa.
Algo que, en definitiva, puede parecerse a los talentos, a los cómicos
o a los grupos de animación que teníamos antiguamente.
-Estuvo bien cuando dijeron que no haya locales ni visitantes...
INDIO: A veces uno dice cosas que pueden sonar un poco demagógicas,
pero en última instancia es tirar una onda desde arriba del escenario.
Yo no soy muy de hablar, porque me parece que cualquier cosa que decís
desde arriba es medio demagógica. Hay momentos donde de pronto
una pequeña palabra desde ahí ayuda, y por eso uno lo
manda. Lo ideal sería que uno no hablara arriba del escenario.
Walter y la Demagogia
-En Montevideo también hiciste una alusión a Walter Bulacio,
por primera vez desde arriba de un escenario.
INDIO: Coincidía...¿Sabés qué? Cuando hablo
de demagogia estoy hablando de eso. De que uno tiene que abrir la boca
cuando lo siente. Y por más que haya una especie de obediencia
pública que por momentos te compulsa a hacer la canción
de Walter, a hacer todo... Y esa es la gran traición contra la
sensibilidad de la gente, llevado por la demagogia a hacer cosas y tener
todo el tiempo...Yo, sinceramente, ese día sí sentí
que era un buen momento para hacer el comentario que hice. Y aún
así tengo mis dudas.
-De todos modos, no hay un reclamo de la gente en ese sentido.
INDIO: No. Pero son pudores que uno tiene. Tengo mucho temor al discurso
desde ese lugar. La canción tiene que ser potente, porque eso
es lo que te justifica. Pero el discurso es el aprovechamiento del poder
de fuego que tenés ahí. Entiendo que hay gente a la que
las circunstancias de la vida lo llevan a tener actitudes que a mí
me repugnan. Yo estoy bendecido por el permiso de mucha gente para no
tener ese tipo de actitudes. Ni siquiera me quiero meter a enjuiciar
la manera en que hablan los demás. Pero a mí ese tipo
de cosas me rebelan mucho más que cualquier otra cosa.
-¿Cuáles son "ese tipo de cosas"?
INDIO: Si la gente conociera cómo son los mecanismos que funcionan
en esos festivales... No quiero meterme en eso porque cada uno hace
de su plan lo que puede, y lo que quiere. Nosotros, en ese sentido,
estamos bendecidos por el cariño de la gente y eso nos ha permitido
respetarnos a nosotros mismos y tomar las decisiones cuando son reales,
y no cuando nos conviene. Pero bueno, es muy fácil decirlo. Cuando
digo bendecido, con el hecho de que la gente compra tus discos, escucha
lo que hacés, te va a ver, llenás los recitales en épocas
de crisis. Pareciera ser que es un lugar bastante cómodo para
poder ser honesto, poder ser virtuoso y poder ser elegante. Es verdad,
no sé qué sería de mí si esto me hubiera
tratado de otra manera. No estoy emitiendo un juicio con respecto a
eso; simplemente digo que yo me puedo dar ese lujo. Darme el lujo de
no ser demagogo al pedo. Yo no sé lo que es ser un músico
de sesión, o tener que aparecer en algún lado, o estar
que ya no vendés y la compañía te bajó el
pulgar...Qué sé yo, no sé qué es todo ese
mambo.
Los Redondos dan laburo
-Hoy, cada show de Los Redondos, más allá del espectáculo
artístico, genera mucho laburo alrededor: la gente viaja, va
al hotel, se come un choripán...
INDIO: Hay un montón de combinaciones diferentes (risas). Hay
algunos que van sin ellos, el cerebro quedó acá y van.
Hay de todo.
-Pero en un momento donde nadie gasta un mango, un show como el de Córdoba
implica un movimiento de veinte mil personas que gastan guita.
INDIO: Desgraciadamente, yo no soy muy optimista con respecto a eso.
Puede ser el último baluarte de la gente interesada por algo,
que gaste su último billete o que lo guarde o que lo robe, o
no sé cómo hacen. Pero esto que está pasando en
el país hoy tiene una inercia tan trágica que supongo
que en cualquier momento para todo el mundo se acabó. Es muy
difícil que esas cosas duren porque está todo mal, muy
mal.
-Pero tal vez al tipo que tenía un puestito de choripán
en la zona del Chateau le salvaste, no sé si el año, pero
sí un par de meses...
INDIO: No lo estoy viviendo con culpa. Digo que esta última intención
de la posibilidad de la gente de ir a confirmar algo con su esfuerzo
es una cosa que en cualquier momento también puede dejar de pasar,
porque la gente está hasta las manos. Cada vez que nos reunimos
para una nota (una vez por año), creemos que nunca puede estar
peor, ¿no? Siempre terminamos hablando de lo mal que está
todo. Y pasan unos meses y está peor mal, mal, mal. A mí
no me da miedo por mí, ni por mi proyecto. Porque a esta altura
estamos un poco confirmados. Es decir, si uno quería decir "ya
me pasó", podría decir "ya me pasó".
Yo no necesito que la vida me justifique más. Me preocupa por
el hecho de qué pasa cuando ni siquiera estos proyectos pueden
amparar el corazón de la gente.
-¿Cómo los afecta a ustedes en lo personal y en lo cotidiano
esta situación colectiva?
INDIO: Yo no estoy viviendo ningún padecimiento de los que vive
el porcentaje mayoritario de la población. Pero uno no vive solo
en este mundo. El resto de mi familia, o mis amigos, son profesores,
gente que vive con nada, e intento-en lo posible- darles una mano. Pero
no vivimos rodeados de gente exitosa. Tampoco en la farándula,
en la noche, rodeados de ejecutivos y de modelos, falopín y esas
cosas...
-En cambio los tipos que toman las grandes decisiones sobre la economía
y la política sí parecen rodeados de gente exitosa. Los
mercados, Cavallo, De La Rúa o quien fuera...
INDIO: Es que es así. Generalmente, la gente termina vinculándose
con otros que están en la misma: los que tenemos guita vamos
al country, y estamos encerrados ahí, en esa nube de pedos, mirando
todos Direct TV, yendo al colegio Saint Paul y no sé qué
mierda, y todos en esa burbuja, viviendo en eso, un poco también
en defensa propia. Cuando digo esto sé lo miserable que soy y
nunca he podido ponerme en juez de los demás, pero vivir en una
nube de pedos, en una situación cortesana, no es una cosa conveniente,
tampoco. Es como una manera que uno tiene de detener la realidad para
que no te afecte todo el tiempo. Pero del otro lado del paredón
de tu country está bulleando otra cosa...
Nueva York de hoy
-Hasta que en algún momento viene un talibán suicida en
un avión y por ahí la pasás mal...
INDIO: Exacto. Bueno, eso es lo que ha pasado. Se está poniendo
muy difícil para cualquier intelectual no ver la cultura como
una enfermedad y la condición humana como una abyección.
Se acabó la Disneylandia donde iban todos los ricos de todo el
mundo a disfrutar sin ningún tipo de problemas, entre los cuales
estoy yo. A mí Nueva York es una ciudad que me apasiona. Pero
la capital del imperio, donde la gente que vive bien de todo el mundo
iba a disfrutar alegremente, también se ha acabado. Si yo tuviera
que elegir entre vivir en Nueva York o a Kabul, yo me voy a Nueva York
(risas). Pero por otro lado, lo que ha pasado tiene otra significación,
una significación política; es decir, la capital del imperio
es lo que es. Es toda una abyección el hecho de que alguien mate
cinco mil tipos de 62 nacionalidades diferentes. Pero por otro lado,
también estamos viendo todavía que mueren a parvas en
otros lados, y Occidente está ciego a ese dolor.
-Emocionalmente, ¿qué te pasó el 11 de septiembre
a la mañana cuando prendiste la tele?
INDIO: Me acordé de dos vendedores de Structure. Espero que hayan
zafado porque estaban abajo. Espero que no le hayan hecho caso al "Don´t
panic, stay where you are" (risas). Yo siempre voy a los malls
que hay abajo, porque hay un lugar, Structure, donde me gusta comprar
alguna ropa. Hay un trolo, un negro y otro, que son unos tipos con los
que mas de una vez hemos estado chichoneando, boludeando, y espero que
estén vivos. Me impresionó eso. Es conmovedor porque vos
conocés el lugar. Es diferente cuando bombardean Kabul y vos
decís "qué sé yo como es Kabul, debe haber
un mercado, carnes colgando, no sé qué". Pero lugares
donde uno estuvo, y que va muy frecuentemente, es raro. De cualquier
manera la magnitud que tiene es trágica.
Las elecciones
-Hubo elecciones hace poco, ¿fueron a votar?
INDIO: Sí, yo fui. Pero me gustaría que el voto fuera
voluntario. Más allá de que la multa por no ir es ínfima,
a veces podés tener alguna complicación burocrática
con algunos trámites. Me resulta más fácil ir.
Voy a las seis menos diez, me están esperando a mí con
cara de orto porque soy el que falta para cerrar el escrutinio. Llego,
entro, voto, firmo un par de autógrafos en la mesa y me voy.
A mí sinceramente me gustaría que fuera voluntario el
participar o no, porque hay momentos en que la voluntad de uno es no
participar. No puede ser obligatorio que la gente esté compelida
a participar de un sistema por el simple hecho de habitar acá.
A mí me gusta la libertad en todo sentido.
SKAY: Por supuesto que uno sabe que al no ejercer ese derecho le está
dando el poder a otro que decide sobre uno.
INDIO: Lo que pasa es que, se quede el que se quede con el poder, a
mí me da lo mismo. La diferencia entre Menem y Chupete De La
Rúa me importa un queso porque sé cómo funciona
la estructura. Cualquiera que tiene voluntad de tener poder político
no es por hacerte bien a vos o para la argentinidad. Es para llegar
a un escritorio donde hay unos papeles que firmar, unas cometas que
hacer y unos amigos que colocar. Esa es la carrera política.
¿Vos pensás que tirarían la honra a los perros
y se pelearían como se pelean para darte una mano a vos o a mí?
Me importa tres carajos si es Menem, De La Rúa o Duhalde. Madonna
me gustaría.
-Si no fuera obligatorio, ¿irías a votar?
INDIO: Lo que tiene la libertad es la posibilidad de elegir. Lo que
quiero es ser libre, después veo. No sé si no quiero votar,
por ahí a veces sí. Quiero ser libre de votar o no votar.
Eso me interesa. No me gusta ninguna obediencia pública, no creo
en estos órdenes. En algún lugar uno es medio anarco por
más que sepa que cualquier ordenamiento precisa de una estructura.
A mí me ofenden el documento de identidad, la policía.
Si hay un ejemplo de lo que era Estados Unidos antes del atentado es
que era una sociedad donde vos podías vivir sin andar mostrando
una tarjeta con una certificación de tu existencia. Me ofende
el documento de identidad, pero no soy pavote, tengo DNI.
-Paradójicamente hay una remera con tu DNI...(risas)
INDIO: ¡Por ejemplo! ¡Un escrache total! Volviendo, yo acepto
las reglas del juego, pero no me gusta que una entidad me obligue a
hacer cosas. A mí me ha pasado alguna vez de preguntarle a un
juez si él creía que yo merecía estar preso después
de estar hablando con él. Como diciéndole "¿desde
donde me estás juzgando? Estamos hablando, vos sos un tipo inteligente.
¿Yo que soy? ¿Un canalla que merece estar preso?"
Esas cosas pasan. Si uno ve quiénes pueden enjuiciarte y ve sus
conductas públicas es muy difícil creer en los Trovato,
los Oyarbide, tipos que te pueden hacer mal a vos.
Zapatillazos y miedo
-En Córdoba te tiraron un zapatillazo, Indio, y te calentaste.
¿No le tenés miedo a las bengalas, por ejemplo?
INDIO: En el momento no pienso, y lo que más me pasa es tener
que pedir disculpas por el cambio de humor, pero no estoy acostumbrado
a que me tiren zapatillazos en la cabeza...
SKAY: Siempre que te tiran remeras las agarrás en el aire...
INDIO: Las luces a veces te engañan, o estás compenetrado
con la música, con los ojos cerrados, y te la dan. Pero no participo
de esa cosa teenager de tirarle cosas al público...a nosotros
no nos interesa. Te pueden pasar cosas, claro: si vos jugás al
fútbol y te viene un defensor uruguayo con los tapones de punta,
cagaste (risas). Pero uno debe tener más precauciones fuera del
escenario. Cuando salgo, o en casa, entre toda la gente que hay siempre
están los que quedan tildados con alguna cosa, sobre todo por
estéticas que uno maneja. Uno ya sabe que esos personajes son
los peligrosos.
|